
Carlos Alejandro Villone
1.934 - 2.019
EL TEMPLO DE
ARPAS ETERNAS
Cuando abrimos el primer tomo de
“Arpas Eternas”, en el comienzo de esta Obra maestra de la espiritualidad,
hallamos un Preludio que, como si fuera la obertura colosal de una partitura
musical de belleza inigualable, abre el portal luminoso que nos permite entrar
dentro de los atrios del Templo de la Luz, el Amor y la Sabiduría, que tal es
“Arpas Eternas”: un Templo esplendoroso con sus atrios, sus portales, sus
columnas, sus naves y ojivas, hasta rematar en la bóveda celestial, coronada de
las más altas torres que se extienden, en alturas inconmensurables, hasta los
confines siderales, moradas de las Inteligencias de los mundos glorificados en
la Luz Infinita e Inextinguible, signo del Eterno Invisible...
Y comienza el poema que las Inteligencias residentes en los cielos Infinitos,
vertieron por intermedio del Instrumento Elegido en la personalidad de Mamina:“¡Era
la hora justa, precisa, inexorable!”...
Absorbida por completo nuestra atención por el sublime relato, avanzamos párrafo
a párrafo, página a página, siguiendo con renovada emoción el curso de la
narración. Sumergidos ya en la sutil atmósfera de la misma, que nos transporta
por unos momentos a dimensiones que forman mundos de luz y de pureza que nos
apartan de la tosca y pesada vibración del mundo material terrestre, llegamos al
capítulo titulado “Los Secretos del Padre”, donde muy conmovidos por la excelsa
grandeza del Espíritu Luz, leemos que Él les dice a sus Doce:
“Oraba yo con fervor y lágrimas rogando al Padre me permitiera vislumbrar los
caminos seguidos por todos los que amo en el interminable correr de los siglos y
de las edades futuras. Era necesario para mi paz y sosiego, para terminar con
serena alegría esta etapa final de mi existencia terrestre.
“Que pueda yo llevar conmigo, la certeza plena que todos aquellos que me fueron
dados en esta hora suprema por el amor y la afinidad, continuarán fieles
a mi mensaje hasta la hora lejana de tomar posesión del Reino Eterno que les
habré preparado.”
“En los ojos de todos vio el Maestro este interrogante: ¿Cuál fue la respuesta?”
“Oídme, continuó, dando al tono de su voz una conmovedora solemnidad”.
“Me fue dado ver vuestros Egos o Yo Superior como os dije en una
enseñanza anterior, que es la verdadera emanación de Dios y semejanza suya,
residentes todos ellos en la morada de luz que le es propia, y como su cuna
eterna hasta la postrera glorificación.”
“El grado de progreso a que vuestro Yo Superior ha llegado en el correr de las
edades pasadas, llenó de íntima dicha mi espíritu, y aunque hay diferencia de
grados de adelanto entre unos y otros, he podido llegar a la convicción de que
al finalizar este ciclo de evolución, tendré reunidos en torno mío a todos los
que he amado en esta hora solemne de mi vida eterna.
“Me vi yo en un cielo hermosísimo, cuyos esplendores de luz, coloridos y
armonías, ningún lenguaje humano puede describirlo. Poblado de seres gloriosos
en la más elevada perfección, sostenían entre ellos sublimes conversaciones
sobre la evolución de los sistemas de mundos que les están confiados. Si os
podéis figurar lo que será un lenguaje de pensamientos luminosos de cambiantes
colores y tonos, según la idea que representan, y todo ello flotando en un
oleaje interminable de armonías dulcísimas, podréis tener una idea aproximada de
la belleza y la dicha de aquella celestial morada.”
“Con el pensamiento, que es allí su forma de expresión, uno de aquellos elevados
seres me dijo: “Ahora llegan los tuyos a formar tu corona eterna”.
“Yo comprendí al punto aquel lenguaje de pensamientos, y antes de que pudiera
responder, vi que un enorme cortinado de velos de oro se abría, y todos los que
he amado en esta vida, estaban ante mi resplandecientes de felicidad”.
“Era una enorme multitud, pues cada Ego o Yo Superior vuestro, venía
seguido de un largo cortejo que identifiqué de inmediato.
“Eran todas las personalidades creadas y vivificadas por vuestro Ego
desde esta hora hasta el final de los tiempos. Ni una sola personalidad
habíais perdido, pues en todas vuestras existencias tuvisteis en cuenta
mi enseñanza de amor fraterno de la hora actual.
¿Sabéis la dicha inefable que esta visión me ha producido? ¿Valoráis ahora el
poder supremo de la oración cuando ella sube del alma a la Divinidad, y la
Divinidad se desborda de amor y de luz sobre el alma encarnada que reclama con
ansia infinita esta sublime comunión?.”
“¿Queréis una dicha mayor? ¡Os he visto entrar en mi Reino con todo el caudal de
merecimientos, progreso, facultades y poderes que habéis conquistado durante los
siglos que deben venir hasta el final de este ciclo!”
Maestro, dijo Tomás, que era el más analítico y observador. Habéis dicho que en
vuestra visión percibisteis que ni una sola personalidad habíamos perdido.
¿Cómo debe entenderse esto?
“Es bien sencillo Tomás. Ya os dije otra vez que el Ego o Yo Superior
que es la verdadera alma emanación de Dios, crea sus personalidades para
realizar las existencias sucesivas mediante las cuáles se engrandece y
perfecciona. Y alguna vez puede ocurrir, aunque muy raramente, que sea tan
grande la desviación moral de una personalidad, que el Ego la aparte de sí,
como el buen jardinero corta de un árbol las ramas estériles y dañinas, cuyo
crecimiento perjudica al árbol mismo. No otra cosa quise decir cuando hablé un
día de la higuera estéril que era cortada y arrojada al fuego para
convertirla en ceniza.”
“El Yo Superior o alma, emanación divina, sufre angustias de muerte cuando su
yo inferior le es rebelde y se enreda en los planos físicos con toda
suerte de crímenes en contra de sus semejantes.”
“¿No habéis sentido una inmensa tristeza luego de haber cometido una injusticia
con alguno de vuestros hermanos?”
“Esa tristeza que llamáis remordimiento es como el clamor intenso de vuestro Yo
Superior, que os hace sentir su desencanto por la falta cometida. ¿Habéis
comprendido ahora?”
“Sí Maestro, y muy claramente, contestaron todos a la vez.”
(En el capítulo de “Arpas Eternas” titulado “A Jerusalén”, prosigue esta lección
del Divino Maestro):
“Cuando terminada toda la serie de encarnaciones sucesivas de un Ego o Yo
Pensante, le vierais recoger todas las personalidades que mandó a la vida
física y refundirlas en sí mismo porque terminó su carrera y obtuvo la
perfección, entonces sería llegado el momento de poder decir con justicia y
verdad: Este es grande.
Mientras no ha llegado ese día, es absurdo pretender entrar en el
secreto de las almas reservado sólo a Dios.”
NOTA:
De acuerdo a la magistral lección del Maestro Divino, vemos que ninguna de esas
personalidades o vidas sucesivas en la carne, se desviaron del sendero marcado
por la Ley Divina, aun teniendo quizás momentos de profundas caídas, debido a
que la materia, en su densidad, oscurece las luces del alma, arrastrándola en el
lodo, por causa de sus propias debilidades y lapsos de inconsciencia, hasta que
nuevamente escucha y obedece la Voz del Maestro que mora en su íntimo ser, que
le ordena perentoriamente: ¡Levántate y anda!.
Toda esta enseñanza del Instructor Divino que nos ofrece “Arpas Eternas” es de
una amplitud y profundidad que sin temor a errar, estimamos como única en los
anales de las Ciencias Sagradas. Llegados los tiempos en que fenece un Gran
Ciclo evolutivo y, como consecuencia, se inicia otro Gran Ciclo, las verdades
que estuvieron ocultas por milenios, quedan ahora expuestas públicamente,
para que no quede ni una sola alma sin la posibilidad de saciar su sed de
Conocimiento, con las Aguas de Vida Eterna a las que tantas veces aludió el
Maestro en su última estadía con cuerpo humano en esta Tierra.
En ella, asimismo, apreciamos que el Espíritu-Luz, debido a su perfección, puede
sondear con mente lúcida y plenamente consciente, los enigmas del Tiempo, y,
de esta manera, ver escenas inscriptas en lo porvenir, en este particular
caso del relato, con unos dos mil años de adelanto y referirlas a sus discípulos
como si fueran ya parte de ese presente, lo que nos habla con voz inaudita, de
cómo una Gran Inteligencia llegada a las cumbres de su desarrollo, tiene la
capacidad de unificar los distintos momentos del Arcano del Tiempo en un
mismo y solo instante.
Además, este pasaje de la Obra, nos explica el origen de los seres, que empieza
cuando la Divinidad, el Absoluto, el Eterno, crea de Sí mismo en una
emanación de Infinito Amor, la “chispa de Vida” que luego de un proceso de
desarrollo en un destiempo imposible de asimilar a nuestros conceptos mentales
terrenales, será burbuja y después un óvalo; llegados a esa forma puramente
inmaterial de óvalo, se constituye en un Ego, un Yo Pensante o Yo Superior que
será a su vez creador de personalidades que en sucesivas existencias,
operen y se desarrollen en universos de materia densa. Tales personalidades
estarán unidas a su Ego o Yo Superior, como lo está un bebé a su madre por el
cordón umbilical que, en el caso de las personalidades con su Ego, lo está por
un cordón fluídico de energía. (Los Egos residen en la morada de luz que le es
propia, según vimos en la página inicial).
Hay entonces una Gran Causa Creadora: la Suprema Energía Eterna;
una Imagen (el Ego o Yo Superior), y una Semejanza (el Hombre). De
ahí que las Escrituras dicen explícitamente que “Dios creó al hombre a su Imagen
y Semejanza”.
También por esta razón, Jesús de Nazareth repetía aquello de “Mi Padre y yo
somos una misma esencia”, siendo ínfima la porción de gentes de esa época que
lograran entenderlo. Solamente los humildes de alma y de corazón lo
comprendían……
Vemos así develado y explicado el sentido hasta ahora oculto que las Escrituras
expresaban: “Dios creó al hombre a su Imagen y Semejanza”
Leemos dentro del capítulo de “Arpas Eternas” titulado “En las grutas del
Carmelo”, cuando el niño Jhasua es llevado por su madre, la incomparable Myriam,
a los Esenios del Santuario del Monte Carmelo para que lo ayuden a estabilizarse
en la personalidad de ese momento. En medio de los Ancianos el niño queda
dormido, y su espíritu, desprendido de la urna material, se plasma en el etérico
y les habla:
“¡Paz con vosotros!”, se oyó la voz del niño dormido que parecía haber adquirido
vibraciones de clarín.
“Desde este momento – dijo – anulo todas mis anteriores personalidades,
para sólo vivir en toda su amplitud, energía y vigor la presente, en la cuál por
Ley Eterna deben quedar para siempre todas refundidas, pues terminada
ésta, quedaré eternamente unido a mi Ego, desapareciendo en absoluto toda
dualidad.
Entonces mi Ego y yo, no somos más que una sola poderosa entidad, que pasará a
formar parte de la Unidad Divina en su infinita grandeza y soberana plenitud.”
“Y aun cuando a veces en el futuro, pudiera yo hacer uso de cualquiera de mis
personalidades humanas en momentos determinados y con fines demostrativos de la
inmutable Verdad, dichas manifestaciones serán sólo por reflejo, pues
terminada la vida de Jhasua sólo soy el Cristo Luz, Idea, Verbo Eterno
por incontables siglos, o sea hasta que las últimas legiones de almas de esta
Tierra, hayan entrado a las moradas de la Luz y del Conocimiento.”
Resulta importante recordar ahora, lo expresado por el Maestro en la primer
lección de “Llave de Oro”, cuando dice: “Llegados a esta postrera alianza, no
soy más Juno, Numú, Anfión, Antulio, Abel, Krishna, Moisés, Buda, Jesús, sino
sólo el Cristo que os unge para el glorioso apostolado de la Verdad y del Amor
Fraterno.”
Así, en la apoteosis de su magna carrera espiritual, Él refunde todas sus
personalidades en la Luz Increada, o sea, el Cristo.
La magnificencia de estas lecciones del Maestro, son de tal profundidad que dan
para escribir no sólo uno, mas muchísimos tratados de Ciencias Superiores. Nos
explica la manera en que un Ego, al finalizar la etapa del desarrollo de
personalidades humanas, las refunde en sí mismo para siempre, haciendo que
desaparezca toda dualidad. Y también nos señala la forma en que, si se
presentara alguna ocasión en la que necesitara hacer uso de cualquiera de esas
personalidades ya refundidas en el Yo Superior, el fenómeno se dará
solamente por reflejo.
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¡Hermanos!... ¡cuánto, cuánto tenemos que aprender!...pero, no obstante, ¡qué
hermoso es encontrarnos en los senderos de ese constante aprendizaje para
nuestro desarrollo evolutivo!.... Por esto, la verdad irrefutable que todos
somos Aspirantes Aprendices de la Ciencia cimera, que es, la Ciencia de
Dios y de las almas.
¡Y cuan grande es el don del Altísimo que nos ha sido dado en las enseñanzas de
las Obras de Fraternidad Cristiana Universal, surgidas hace unos años de un ser
de sublime belleza y gloriosa inspiración, y que fueran escritas en un humilde y
desconocido lugar, en una isla de un Delta de las Américas, señalado por las
estrellas que forman en el cielo, justamente, la denominada Cruz del Sur.
“Mis caminos no son vuestros caminos, y mis pensamientos no son vuestros
pensamientos”, dijo el Señor por su Profeta Isaías.-
Amados hermanos: muchas gracias por vuestra bondad en leer estas líneas
dedicadas a vosotros con mi mayor amor fraternal.
¡Que la Paz del Divino Maestro sea siempre con vosotros!
carlosalejandro.-
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