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Foros de discusión » LA OBRA » ¿SOY ESCLAVO DE MÍ MISMO? ¿CUÁL ES MI SITIO EN LA HUMANIDAD?
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¿SOY ESCLAVO DE MÍ MISMO? ¿CUÁL ES MI SITIO EN LA HUMANIDAD?
MensajePublicado: Tue Sep 21, 2021 4:54 pm Responder citando
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Moderador
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Registrado: Jan 15, 2005
Mensajes: 119
Ubicación: Girona - España




¿SOY UN ESCLAVO DE MI EGOÍSMO?
¿CUÁL ES MI SITIO EN MEDIO DE LA HUMANIDAD?


- Los conceptos a través de los cuales puedo hacerme una pequeña idea de Dios a día de hoy y digo “conceptos…”, porque no dejan de ser creaciones de mi concepción mental y subjetiva, podrían ser: “vibración de amor infinita y eterna, creadora e inmutable, continente y contenido universal en sí mismo en todo cuanto existe”; pero todo queda ahí… “en conceptos” que ni tan siquiera alcanzo a definir en profundidad, porque estoy muy lejos de llegar a comprender ni siquiera vagamente, de qué naturaleza son éstos y cuáles son los rangos en los que actúan esas magnas fuerzas que abarcan, ni cuáles son las extensiones que comprenden sus contenidos.

- ¡Son tantas! Las preguntas que furtivamente me asaltan que no puedo evitar que mi mente divague con inquietud, a la búsqueda de esa realidad buscando llegar a donde no puede alcanzar no encuentro otra conclusión, que la respuesta que me da la Obra: “Que llegaré a saberlo, sentirlo y vivirlo cuando vibre como Él, porque Él vive en mí”.

- Siguiendo ese hilo de inquietudes sabiendo que no puedo entender lo que hoy me es insondable, persiste la necesidad interior que busca alcanzar ese horizonte tan lejano a mi alcance y a veces me he planteado: ¿Cómo el Amor Divino en su perfección absoluta, que todo lo da y se compadece de todo dolor, puede permanecer inmutable ante el sufrimiento de las almas en nuestros mundos de expiación y sufrimiento. Y vienen a mi mente las palabras del Divino Maestro cuando decía: “¿Por qué no tenéis piedad de vosotros mismos?” En estas palabras encerraba una profunda lección, pues depende de cada uno de nosotros el sufrimiento y el dolor por el que transita en la vida, al hacer caso omiso a las leyes más esenciales del amor buscando tan sólo, la satisfacción de nuestros deseos más primarios para terminar concluyendo a la postre, que incluso cuando nuestros deseos se cumplen, somos incapaces de alcanzar felicidad o plenitud y sólo persiste el deseo renovado en otros objetivos, que continúa siendo insaciable.

- Este planteamiento me hace recordar el capítulo “EL ESCLAVO DE SÍ MISMO”, de Orígenes de la Civilización Adámica Tomo II donde relata que Abel observaba un hermoso paisaje del crepúsculo en el Mar Hircanio, recordando las últimas palabras del Kobda Archivero:
- …”Nos falta conseguir que el hombre terrestre quiera llegar a preguntar: ¿quién es Dios y quién soy Yo?”

- Abel percibía claramente en la intimidad de aquellos momentos, que en aquellas breves palabras, estaba encerrado todo el programa de su vida de aquél momento y de las venideras y que el hombre en su ignorancia, que no llegado a hacerse esta pregunta es egoísta, tirano, déspota y también… desventurado hasta en el aire que respira y en el agua que bebe.

- Pues al no saber quién es Dios y quién es él, se someten unos a otros, se odian y se matan; el poderoso esclaviza porque no sabe que los esclavos forman parte de él y que ambos forman parte de Dios siendo una sola cosa. Es paradójico que en medio de aquella reflexión, Abel se fijara en una discreta hilera de hormigas que a fuerza de pasar por el mismo camino, habían abierto un senderillo por el que huían de su hormiguero destruido por unos pequeños animales y siguiendo aquella hilera, descubrió cómo aquellas hormigas se apoderaban a su vez de una colmena “posiblemente abandonada” y se deleitaban con su miel.

- En ese momento su reflexivo mirar hizo luz en el asunto y exclamó: ¡Si no hubiera sido por aquellos animales que destruyeron el hormiguero, no habríais descubierto esta dulce miel! ¡He aquí el ejemplo del dolor que hace caminar a la humanidad hacia la miel divina! Es por eso que los sabios buscan entre los doloridos y deshechos de la vida, abandonados de todos, para mostrarles el camino de la luz y la dicha que raramente es aceptado por aquellos que viven en el placer y los deseos satisfechos.

- Aquí vio la utilidad del dolor hasta llegar a sentir: ¡Sufre humanidad, sufre, padece y llora, que sólo a través del cristal de tu propio llanto contemplarás la visión esplendorosa de Dios!

- En este mismo capítulo y mientras ocurría lo relatado, un postulante kobda en edad viril llamado Garbi llamó la atención de Abel diciéndole: “Os llaman el Hombre-Luz y yo podría llamarme el hombre-tinieblas”. Abel entabló diálogo con él y al preguntarle por la causa de su dolor, le relató su historia que estaba plagada de bondades humanas y materiales pues pertenecía a una familia de buena posición, había gozado de todo lo agradable que la vida podía ofrecerle, había tenido esposas que le amaron y algunos hijos aún adolescentes. Había tenido ciervos y ciervas, campos y ganados y aun así, no acababa de encontrar la felicidad. Aburrido de todo, había ido al Santuario creyendo encontrar allí la dicha y al principio creyó encontrarla, pero después de diez lunas había perdido toda aquella ilusión y le preguntó: ¿Dónde pues está mi verdadero sitio en medio de la humanidad?

- En numerosas ocasiones me he hecho esa misma pregunta con la aspiración de alcanzar lo que quedaba por encima de mi capacidad, y deseando dominar lo que consideraba por debajo de ella. Lógicamente esto siempre me he dado como resultado el sufrimiento del descontento y la inconformidad que suele ir acompañada de tristezas y angustias, pues el lugar que debo ocupar en medio de la Humanidad no está más… que donde la vida me sitúa, intentando que mis aspiraciones sean acordes con la búsqueda en el amor hacia una mayor evolución y mejor comprensión intentando dejar a un lado ese sentido de frustración, pues la vida humana no es más que un pequeño tránsito en la trayectoria inmortal de mi alma, que he de aprovechar para obtener el mayor desarrollo espiritual que pueda, desde la sincera humildad que es la antesala del amor que nos lleva a Dios.

- Creo que la verdadera alegría de quien se pregunta sinceramente ¿Quién es Dios y quién soy Yo?, se encuentra en las conclusiones que obtiene la propia conciencia cuando tras examinarse a sí misma, descubre que en la negación de lo que engañosamente creía ser en la ilusoria personalidad humana, ha conseguido sentirse más próxima a la Divinidad de la que emanan el amor y toda vida.

- ¿Qué son los efímeros deseos satisfechos, frente a la satisfacción del deber cumplido en el alma, que nos eleva hacia una mayor comprensión del orden divino?
Las respuestas de Abel son totalmente esclarecedoras en cuanto a lo pretendido por Garbi, de encontrar la plenitud por otros medios que no fueran la superación personal anteponiendo la felicidad y armonía de otros, por encima de la suya propia arraigada en el egoísmo personal y le responde: “Pensad que nadie salva a nadie, si él mismo no busca y no quiere ser salvado. Yo os puedo indicar el camino de vuestra paz y vuestra dicha, pero no os puedo obligar a seguirlo”.

- Pero el postulante insistía alegando que los ancianos Kobdas carecían del hervor de la juventud y por ello se amoldaban a seguir aquella vida, pero que el Hombre-Luz más joven aún que él, podría darle el secreto de la calma serena y radiante que se reflejaba en su rostro y Abel le dice: “Gracias a Dios, no estoy enfermo del alma como vos y no estoy enfermo, porque habitando desde muy niño al lado de los Kobdas, he sido educado en la restricción de todos los deseos inútiles o dañinos que el común de los hombres convierte en necesarios e imprescindibles.

“Tuve una infancia muy hermosa y feliz, porque un anciano Kobda, para quien había enmudecido también el hervor de la vida, según vuestra frase, cuidó de que yo no complaciera ningún deseo que estuviera fuera de orden, y eso en las pequeñitas cosas en que puede fijarse la mente de un niño.

“–Quiero comer esta fruta –decía yo a Senio, mi instructor de la niñez.

“–No, hijito –decía él–, esta fruta es verde y perjudicará tu salud y perjudicará al árbol arrancándola antes de tiempo. Toma esta otra que está madura y que te dará buena nutrición.

“–Quiero ese nido de alondras –decía yo.

“–Ahora no, hijito mío, porque los huevos están con polluelos y ni podrías comer los huevitos ni aprovechar las avecitas que morirían de inmediato.

“–Quiero traer los renos pequeños al establo para jugar –expresaba yo.

“–No, hijito, en este momento les entregan a las madres acabadas de ordeñar y es justo que los pobrecillos que nos dan parte de su alimento, tomen también su porción y aprendan a pastar; jugarás con ellos de aquí a tres horas cuando les vuelvan a apartar de las madres.

“Tal fue mi educación de niño hasta los doce años en que pasé al Santuario, donde mis deseos inútiles o dañinos siguieron recibiendo la poda necesaria para no crecer donde no era justo, ni razonable. Es verdad que tengo bastante dominio de mi mundo interior, pero esto no implica ningún milagro, sino que es sencillamente el resultado del hábito ya contraído desde la niñez de obrar conforme a la justicia y a la razón, y no conforme al capricho y al deseo.


- Tras analizar un poco esta lectura ¿Cómo puedo sentir tristeza ni hastío? Por el contrario, las palabras de Abel abren en mí interior un gran campo de aplicación que pudiera parecer duro, porque nos hace partícipes responsables de nuestros sufrimientos aun así, encierran una carga de amor que señala inequívocamente “cuál es nuestro lugar en medio de la humanidad” y cuál, el camino de eternidad que Él transitó, para quienes le quieran seguir… después de todo, qué son las posesiones efímeras comparándolas con las conquistas del Alma.



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