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EL CRISTO


 Carlos Alejandro Villone
1.934 - 2.019


F.C.U.

 

 

RECORDANDO A MAMINA



"La castellana de Mágdalo viéndose sola, subió de nuevo la colina del Gólgota o Calvario, y contempló con infinita amargura el patíbulo del Maestro aún tendido en tierra, con las huellas de su sangre donde estuvieron clavados sus manos y sus pies.

Su llanto corrió sobre ese madero ensangrentado y parecióle mayor entonces que antes la inmensa desgracia que había caído sobre todos los que amaron al Cristo.

Los dos ajusticiados juntamente con Él, aún pendían de las cruces, y uno de ellos se estremecía en los últimos espasmos de la agonía.

Sin familia y sin amigos, antes de salir el sol debían ser arrojados a la fosa común del muladar.

- El Maestro -pensó María- habría tenido piedad aún de esos míseros despojos de dos criminales. Y yo debo tenerla también.

Antes de bajar de la colina trágica besó por última vez la sangre seca del madero y buscó los clavos con que el Mártir estuvo suspendido en él. Pero no los encontró.

- Seguramente -dijo- alguno de los íntimos los ha recogido. Y se dirigió hacia el sepulcro que distaba sólo unos doscientos pasos, pero cuya entrada quedaba confundida entre los barrancos y matas de espinos que era lo único que crecía en aquel árido lugar.

Grande fue su sorpresa, cuando vio removida la piedra que cerraba la entrada a la gruta, y que la sepultura misma estaba destapada y la losa caída hacia un lado. Se asomó a mirar al fondo y vio el sudario y el velo en que le envolvieron la cabeza.

-Le han llevado al Panteón de David antes de lo que habíamos pensado- dijo. Aún no ha aparecido el sol. ¿Cómo es que madrugaron tanto? Y se sentó sobre una piedra a la entrada de la gruta llorando silenciosamente, mientras miraba la preciosa ánfora de alabastro llena de aceite de nardos que había llevado para derramarlo sobre el cadáver del Señor al colocarlo en el féretro.

Sintió de pronto un leve ruido de los arbustos y yerbas secas y volvió la cabeza.

A través de sus lágrimas vio el bulto de un hombre.

-Si tú lo has visto sacar de aquí, o le has llevado, dime dónde lo han puesto para que vaya yo a ungir su cadáver- le dijo.

María!.....dijo una voz y era la del Maestro que la llamaba por su nombre.

Maestro!- gritó ella arrojándose a sus pies que iba a besar.

-No puedes tocarme -dijo la visión- porque mi carne ya no es más.

Vuelve con los míos y diles lo que has visto y oído. ¡Yo iré en medio de todos, porque ninguna fuerza de la tierra ni del aire pueden ya retenerme.

- ¡La paz sea contigo! La visión desapareció, y María con el rostro en tierra, besaba y lloraba sobre el trozo de roca en que Él estuvo parado.

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Hasta aquí este retazo del emocionante relato de "Arpas Eternas" en el cuál aparece por vez primera el Maestro en Cuerpo Glorioso después del holocausto en la cruz. Y fue María de Mágdalo quién tuvo las primicias de las radiantes apariciones del Redentor que prosiguieron durante cuarenta días, hasta la despedida final en el amado lago de Galilea dónde Él quiso congregar a los suyos para ese momento único en la historia de la humanidad.

En esos instantes de terrible pesar que era tan hondo y desgarrador, el Divino Maestro se hizo ver de su gran discípula que tuvo así la honra inigualable de recibir esa visión plena de Luz y de Vida Gloriosa.

¡Todo sucede por una causa de Ley, máxime cuando se produce en los instantes cumbres de la humana redención! María de Mágdalo fue investida para llevar la antorcha radiante del Mesías en sus manos hasta el final de este ciclo evolutivo. Y así lo cumplió fielmente por dos mil años más que marcaron justamente la culminación de ese gran ciclo, durante el cual la humanidad recibió constantemente la instrucción del Maestro, que tuvo como sublime epopeya la aparición de "Arpas Eternas" y las demás Obras de la Fraternidad del Cristo, recibidas y psicografiadas por su Gran Discípula y fiel intérprete del Ideal del Maestro.

¡Myriam. la augusta Madre del Verbo de Dios, María Magdalena y María de Bethania -las Tres Marías- son para siempre encarnaciones luminosas de las tres santas virtudes: Fe, Esperanza y Amor!

Amada Maestra Mamina, vaya para ti este humildísimo homenaje a tu querida memoria, de un pequeño discípulo tuyo que, unido en comunión de amor con otros hijos de tu inefable amor, seguirán tus pasos hasta el final.

Buenos Aires, Argentina, 27 de Julio de 2004
Carlosalejandro     origen del documento