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RECORDANDO
A MAMINA

"La
castellana de Mágdalo viéndose sola, subió de nuevo
la colina del Gólgota o Calvario, y contempló con infinita amargura el patíbulo
del Maestro aún tendido en tierra, con las huellas de su sangre donde
estuvieron clavados sus manos y sus pies.
Su
llanto corrió sobre ese madero ensangrentado y parecióle
mayor entonces que antes la inmensa desgracia que había caído sobre todos los
que amaron al Cristo.
Los
dos ajusticiados juntamente con Él, aún pendían de las cruces, y uno de ellos
se estremecía en los últimos espasmos de la agonía.
Sin
familia y sin amigos, antes de salir el sol debían ser arrojados a la fosa
común del muladar.
- El
Maestro -pensó María- habría tenido piedad aún de esos míseros despojos de dos
criminales. Y yo debo tenerla también.
Antes
de bajar de la colina trágica besó por última vez la sangre seca del madero y
buscó los clavos con que el Mártir estuvo suspendido en él. Pero no los
encontró.
-
Seguramente -dijo- alguno de los íntimos los ha recogido. Y se dirigió hacia el
sepulcro que distaba sólo unos doscientos pasos, pero cuya entrada quedaba
confundida entre los barrancos y matas de espinos que era lo único que crecía
en aquel árido lugar.
Grande
fue su sorpresa, cuando vio removida la piedra que cerraba la entrada a la
gruta, y que la sepultura misma estaba destapada y la losa caída hacia un lado.
Se asomó a mirar al fondo y vio el sudario y el velo en que le envolvieron la
cabeza.
-Le
han llevado al Panteón de David antes de lo que habíamos pensado- dijo. Aún no
ha aparecido el sol. ¿Cómo es que madrugaron tanto? Y se sentó sobre una piedra
a la entrada de la gruta llorando silenciosamente, mientras miraba la preciosa
ánfora de alabastro llena de aceite de nardos que había llevado para derramarlo
sobre el cadáver del Señor al colocarlo en el féretro.
Sintió
de pronto un leve ruido de los arbustos y yerbas secas y volvió la cabeza.
A
través de sus lágrimas vio el bulto de un hombre.
-Si
tú lo has visto sacar de aquí, o le has llevado, dime dónde lo han puesto para
que vaya yo a ungir su cadáver- le dijo.
-¡María!.....dijo una voz y era la del Maestro que la
llamaba por su nombre.
-¡Maestro!- gritó ella arrojándose a sus pies que iba a
besar.
-No
puedes tocarme -dijo la visión- porque mi carne ya no
es más.
Vuelve
con los míos y diles lo que has visto y oído. ¡Yo iré en
medio de todos, porque ninguna fuerza de la tierra ni del aire pueden ya
retenerme.
-
¡La paz sea contigo! La visión desapareció, y María con el rostro en tierra,
besaba y lloraba sobre el trozo de roca en que Él estuvo parado.
***************
Hasta
aquí este retazo del emocionante relato de "Arpas Eternas" en el cuál
aparece por vez primera el Maestro en Cuerpo Glorioso después del holocausto en
la cruz. Y fue María de Mágdalo quién tuvo las
primicias de las radiantes apariciones del Redentor que prosiguieron durante
cuarenta días, hasta la despedida final en el amado lago de Galilea dónde Él
quiso congregar a los suyos para ese momento único en la historia de la
humanidad.
En
esos instantes de terrible pesar que era tan hondo y desgarrador, el Divino
Maestro se hizo ver de su gran discípula que tuvo así la honra inigualable de
recibir esa visión plena de Luz y de Vida Gloriosa.
¡Todo
sucede por una causa de Ley, máxime cuando se produce en los instantes cumbres
de la humana redención! María de Mágdalo fue
investida para llevar la antorcha radiante del Mesías en sus manos hasta el
final de este ciclo evolutivo. Y así lo cumplió fielmente por dos mil años más
que marcaron justamente la culminación de ese gran ciclo, durante el cual la
humanidad recibió constantemente la instrucción del Maestro, que tuvo como
sublime epopeya la aparición de "Arpas Eternas" y las demás Obras de
la Fraternidad del Cristo, recibidas y psicografiadas
por su Gran Discípula y fiel intérprete del Ideal del Maestro.
¡Myriam.
la augusta Madre del Verbo de Dios, María Magdalena y María de Bethania -las Tres Marías- son para siempre encarnaciones
luminosas de las tres santas virtudes: Fe, Esperanza y Amor!
Amada
Maestra Mamina, vaya para ti este humildísimo
homenaje a tu querida memoria, de un pequeño discípulo tuyo que, unido en
comunión de amor con otros hijos de tu inefable amor, seguirán tus pasos hasta
el final.
Buenos
Aires, Argentina, 27 de Julio de 2004
Carlosalejandro origen del documento