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LA
LUZ
En el tomo 2 de Arpas Eternas, capítulo titulado “Esposos
Eternos”, la Obra nos ofrece la oportunidad de estudiar una de sus Magistrales
Enseñanzas, resplandeciente como una preciosísima gema que fulgura con su
prístina luminosidad entre todas las joyas espirituales del excelso tesoro que
son patrimonio de las Obras de la Fraternidad Cristiana Universal.
Su elevada y abstracta concepción nos sirve como
un fuerte acicate para tratar de llegar a su cabal entendimiento. Conocemos que
las formidables corrientes que irradian desde los planos Superiores de Divina
Energía las sublimes Inteligencias que responden a los Setenta Mesías, son
incontenibles en su mandato de Ley de esta hora de la evolución humana y de los
mundos que Ellas dirigen, para operar con su potencialidad, la transmutación de
todo aquello que no se encuentre en las condiciones armónicas apropiadas para
su permanencia dentro del Aura Vibratoria del Ungido. (ver al respecto la
primera lección de “Llave de Oro”).
En las páginas de Arpas Eternas que ahora tomamos
para desarrollar esta colaboración destinada a la red fraternal del Portal de
FCU., la Obra nos ofrece – cuál dádiva divina – un admirable Cántico recibido
por Salomón Rey de Israel y por él transcripto a un papiro que dice así: “Yo,
Salomón, hijo de David, fui tomado como se toma un punzón rojo, y por
invencible fuerza escribí mandatos de Jehová”. En otro párrafo, más adelante,
agrega: “El que merezca comprender, que comprenda”. El relato de Arpas Eternas
señala que este documento fue encontrado por el Maestro Jhasua,
cuando visitaba la biblioteca de la Sinagoga de Nehemías profeta, en la ciudad
de Jerusalem.
En este Cántico sagrado de inmortal belleza, Salomón,
por superior inspiración, nos presenta con maestría sin par, el grandioso
proceso por cuyo medio lo Infinito, lo Eterno engendró de Sí mismo, la Vida
Universal, los Egos, los mundos, las almas, el Orden universal, lo
infinitamente grande y lo infinitamente pequeño, toda la augusta Creación como
eterna prolongación de Ella, la Sabiduría, y de Él, el Perfecto Invisible. Él y
Ella, engendrados por sus voluntades soberanas antes de todo principio en
amoroso y excelso connubio, dando continuamente la energía de sus eternas vidas
para animar a todo lo existente, dentro de un Orden (Cosmos) armónico,
maravilloso, que por su infinitud y belleza sin parangón, escapa al humano
entender, que solamente en su lento avance evolutivo, percibe algunos destellos
de tanta infinita grandeza.
En todo este maravilloso poema Iniciático, la Luz Divina aparece textualmente, como
el “fluído vital” que todo lo penetra, y que es “el
gran velo de oro que cubre a
entrambos Eternos”. Finaliza sus místicas estrofas con palabras de suprema
sabiduría: “Bienaventurado el que
acierta a abrirlo y poseer sus tesoros. Es rico y feliz sobre toda riqueza y
toda felicidad”. “Alabado sea Jehová”.
Siguiendo el hilo conductor de este análisis,
apreciamos en “Orígenes de la Civilización Adámica”, otro Cántico que a más de
su elevado estro poético, nos ofrece uno de los
mayores conocimientos de la Ciencia Divina. Aludimos al “Himno del Amanecer”,
que a coro cantaban los Iniciados de la Gran Fraternidad Kobda en sus
Santuarios, cuando el Guardián de turno anunciaba a sus hermanos que asomaban
los primeros rayos de la luz del Sol y preludiaba la aurora de un nuevo día,
disipando las sombras de la noche.
Con los ojos del alma, podemos imaginar a los
Kobdas de túnicas azuladas y gorros violetas, desgranando esas bellísimas
estrofas plenas de serenas armonías, entonando el Himno sumidos en el
arrobamiento producido por las divinas vibraciones emanadas del sublime poema
que, al culminar, nos da con potente Verbo, la clave de un santo enigma: el
alma extática ante la Luz Increada se atreve a preguntar: “dime, ¿cómo es
Dios?”, y Ella le responde: “¡Como tú,
cuando vibres como Yo!”
……………………..
En estos dos Cánticos, tanto en el “Himno del
Amanecer” de los Kobdas, como en el recibido por Salomón, surge como eje
central del mensaje espiritual que ambos transmiten, la LUZ INFINITA, que con
silente voz nos dice que en su Divina Vibración se encuentra sellado el
Secreto de la Vida. Que en su Esencia se manifiesta
la Eterna Presencia.
Allí, como pétalos inmortales de una Rosa
sempiterna, viven los Arcanos que la más antigua tradición ocultista y las
leyendas por ella originada, han ido transmitiendo a través de las
generaciones: el Santo Grial buscado por los Iniciados de la Tabla o Mesa
Redonda, símbolo del Infinito y de la santa igualdad de los miembros de la
Hermandad; la Mesa Redonda recibe precisa mención del Príncipe Melchor de Herópolis en “Cumbres y Llanuras”,( edición Kier de 1990,
página 147) alrededor de la cual se reunían para deliberar los componentes del Alto Consejo de los Hierofantes en Egipto; por esta mención de la Obra,
comprobamos que dicha tradición es muchísimo más antigua que la que nos cuentan
acerca de Camelot y de “Los Caballeros
del Rey Arturo”. Es la “Piedra Filosofal” de los maestros alquimistas; la
“Lámpara Maravillosa” de Aladino, la Rosa Esotérica de la tradición Rosacruz,
el Divino Logos, el Verbo, la Palabra creadora de la vida, que los Adeptos
aspiran a encontrar como el mayor tesoro que pudiera ser hallado, como en
verdad lo es.
Es la Luz inefable que el Bienaventurado de Asís
quería significar al invocar con santo amor al “Hermano Sol” y a la “Hermana
Luna”.
En Ella está la Sublime Presencia “YO SOY” que el
Cristo expresa cuando dice: “YO SOY LA LUZ DEL MUNDO”, la Luz Primordial que
atesora en sus ondas lumínicas toda la epopeya de los Tiempos en las inconmensurables Edades y Ciclos que se van
sucediendo en el destiempo de la Eternidad sin principio ni fin.
***
La luz solar que nos alumbra, en su perfecta
realidad y en términos de ciencia humana, es un complejo cuerpo orgánico
corpuscular, formada por infinidad de partículas subatómicas, átomos,
electrones, etc., de variadas intensidades. Es materia. Por lo tanto, susceptible de ser analizada por la
observación inteligente de la mente humana en su auscultación tratando de
indagar para comprender los fenómenos de la Naturaleza.
Las estrellas – nuestro Sol es una de ellas –
emiten sus ondas luminosas formadas de material radiante, pero materia al fin.
El Sol, cuya presión es inimaginable y cuya temperatura se mide por millones de
grados Celsius, extrae su energía y su luz de la fusión de núcleos atómicos de
muy extrema pequeñez.
Vale hacer mención al episodio que el joven
estudiante Albert Einstein protagonizara cuando en plena clase, refutó a un
profesor que exhibía un pensamiento cerrado en un materialismo muy tenaz. En
esa memorable ocasión, Einstein demostró que la oscuridad no tiene existencia
propia, porque simplemente es la falta de
luz. Señaló que “la luz se puede estudiar la oscuridad no; incluso existe
el prisma de Nichols para descomponer la luz blanca en los varios colores en
que está compuesta, con sus diferentes longitudes de onda. La oscuridad no. Un
simple rayo de luz rasga las tinieblas e ilumina la superficie donde termina el
haz de luz. ¿Cómo puede saber cuán oscuro está un espacio determinado?. Con
base en la cantidad de luz presente en ese espacio, ¿no es así?. Oscuridad es
un término que el hombre ha desarrollado para describir lo que sucede cuando no
hay luz presente.” He aquí resumidas las atinadas aseveraciones del joven genio
en su demostración que ni el frío, ni la
oscuridad, ni el mal existen por sí mismos, pero que son términos que el
ser humano emplea para describir la falta de calor en el caso del frío, la
falta de luz en el de la oscuridad, y la falta de Dios – esto es, de Amor en el
corazón del hombre cuando impera el mal.
Ahora bien, si la oscuridad que asociamos con las
tinieblas no existe por sí misma, pero se manifiesta por faltar la luz, se hace
más comprensible lo expresado por el Divino Maestro: “Yo Soy la luz del mundo,
y el que me sigue no anda en tinieblas porque tiene luz y tiene vida”. Luego,
la Luz es Vida, y el Verbo de Dios, hace que esa Luz de Vida se extienda
siempre, para que compenetre todo espacio, toda densidad, toda dimensión, que
así impregnados por la Luz dejan de ser oscuridad y tinieblas, para transmutarse
en Luz.
Desde el punto de vista que nos atañe y que
tratamos de ir profundizando por medio de la lectura y del estudio de las
Obras, la Luz primordial emana de la Magna Fuente del Absoluto, el Eterno
Invisible. Sus ondas luminosas son puramente inmateriales puesto que pertenecen
al Mundo Divino del cuál son la más pura y excelsa vibración.
***
¿Cómo es Dios?, interroga con el pensamiento el
místico anacoreta inmerso en dulce trance de alta contemplación, y obtiene la
respuesta de la Luz: “Él es como tú,
cuando vibres como Yo”.
El Apóstol Juan en su Evangelio alude a esto
mismo: “Dijo Jesús: Yo he venido al mundo como Luz, para que todo el que crea
en Mi no permanezca en tinieblas” (Juan 12,46).-
El capítulo titulado “Hacia Tolemaida”, tomo 2 de
Arpas Eternas, contiene un pasaje muy emotivo, cuando el Maestro encuentra de
improviso a un Terapeuta esenio del Santuario del Monte Hermón, quién, en un
primer momento no lo reconoce. Este Terapeuta conducía hacia un refugio de los
Esenios, a un joven canceroso y a un hombre maduro ciego de nacimiento.
Jhasua, al ver al Terapeuta, le da la contraseña usada para reconocerse: “Voz del
Silencio”. Entonces el esenio le informa que dicha contraseña ha sido cambiada
por la de: “El Señor está con nosotros”. Jhasua,
usando de sus divinos poderes de sanación, procede a curar a los dos enfermos.
Atónito, el Terapeuta lleno de admiración le inquiere:” ¿Quién eres tú…. quién
eres en nombre de Dios?”. Sonriente, el Maestro le responde: “¿No acabas de
decirme que el Señor está con nosotros?”. Hondamente conmovido el Terapeuta
cayó de rodillas exclamando: “LUZ DE DIOS SOBRE LA TIERRA”.
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¿Qué secreta inspiración habrá tenido en su mundo
interno Poncio Pilato, cuando ordenó poner en la cruz destinada a Jesús, aquel
letrero que decía en latín: “IESUS NAZARENUS REX IUDEOM”, cuyas siglas son:
“I.N.R.I.”.-
Los príncipes de los sacerdotes del Sanhedrín le
pidieron a Pilato que cambiara ese texto, pero Pilato los despidió diciéndoles:
“Lo escrito, escrito queda” (Juan 19,22).
Algunos grandes Iniciados de la Ciencia Sagrada
han explicado que I.N.R.I. tiene este significado hermético:
IGNE NATURA RENOVATUR INTEGRA: Igne, el Fuego que es Luz, renueva íntegra a la Naturaleza.
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Que la DIVINA PRESENCIA DEL CRISTO QUE ES LUZ nos ilumine Siempre.
Que SU AMOR QUE ES LUZ alumbre nuestras almas y corazones para siempre.
QUE TODOS SEAMOS UNO AL SERVICIO DEL CRISTO DEL AMOR Y DE LA LUZ ETERNOS.
Que Así Sea.
Para finalizar, repitamos y grabemos en nuestras memorias aquella frase que
el Rey Salomón escribiera en el papiro:
“LA LUZ ES ELCOFRE DE ORO QUE LO ENCIERRA TODO”.
“Tienes el enigma, insondable, eterno
¡Oh, divina maga de pupila audaz!...
Y si tú lo sabes, lo vives, lo sientes,
Y eres hada buena, llena de piedad,
Dime tu secreto luz de la alborada,
Luz del mediodía,
Luz de atardecer!...
Que si sólo un aliento de vida
Palpita en mi ser,
Oirás como un eco lejano,
Sonido o clamor
Que te dice: ¡Maga….
Dímelo al oído!...
Con tu voz sin ruido…
¿Cómo es
Dios?...
……..
“¡Cómo tú, cuando vibres como Yo!”
(Última estrofa del “Himno del Amanecer”, tomos I y II de “Orígenes de la
Civilización Adámica”, edición Kier 1999, páginas 380-381).-
¡Un hondo y fraternal abrazo para todos!
Carlosalejandro origen del documento