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  Carlos Alejandro Villone
1.934 - 2.019

 

ES NECESARIO AVANZAR

Queridos Hermanos:

De "Arpas Eternas" tomemos las enseñanzas que la Obra nos brinda en el capítulo titulado: "Simón de Tiberíades". En dicho capítulo, apreciamos el muy emotivo encuentro de Simón, de veinticuatro años, con Jhasua, niño de diez años de edad. El reencuentro de las dos Almas, tiene lugar durante la estadía de Jhasua con Myriam su madre, en el Santuario Esenio del Monte Tabor. Simón queda como anonadado al conocer a Jhasua, y embargado de una fuerte emoción, acude a los Ancianos del Santuario en busca de una respuesta que él ya siente en lo más profundo de su corazón.

Preguntado por los Ancianos, Simón les relata unos sueños cargados de simbolismo y premonición que ha ido anotando en su cartapacio, cumpliendo así los consejos de los Maestros de la Orden que recomendaban a los iniciados en la misma, de anotar los sueños y/o avisos espirituales, visiones psíquicas, etc. que les acontecieran.

"Y los Ancianos analizando este sueño, lo encontraron lleno de lucidez espiritual.

Simón -le dijo uno de ellos- en este sueño un Guía espiritual representado por ese niño te empuja a avanzar valientemente, ejerciendo la más activa potencia de tu espíritu: la voluntad.

"De este sueño, según la fecha puesta por ti, han pasado tres años.

"El arroyuelo puede ser un símbolo del grado en que estás como estacionado, por haber transcurrido tanto tiempo sin acudir al Santuario para tu remoción".

"Las demás anotaciones registran una infinidad de intuiciones en que la interna voz de tu Yo Superior te espolea para que avances; pues, para el iniciado en nuestras Escuelas de Divino Conocimiento, NO BASTA CON SER BUENO, SINO QUE ES NECESARIO AVANZAR EN LAS CAPACIDADES A QUE PUEDE LLEGAR EL ALMA ENCARNADA; y quedarse estacionado es igual que si no se hubiese avanzado. Y peor aún, toda vez que es como tener abierto el libro sagrado de la Verdad Eterna y no querer leerlo; o como mantener apagada la lámpara que te fue dada para iluminar tu propio camino, y el de las que andan alrededor o en pos de ti".

Surge de los párrafos antedichos, textualmente vertidos de la Obra, que para los que hemos sido iniciados en la Santa Alianza Redentora del Cristo, no es bastante acomodarnos a la vida común, aun haciendo el bien y obrando con corrección. El Maestro Interno, nuestro propio YO Superior, nuestro EGO creador surgido como una chispa desprendida de la Luz Eterna, nos exige mucho más, nos espolea para que avancemos en el Conocimiento, para que profundicemos las sublimes enseñanzas de las Obras que, en sus luminosas páginas, contienen toda la Sagrada Sabiduría que el ser humano de esta hora puede ir asimilando. Desde su primer vocablo hasta el último, la Obra está expresada en el lenguaje de los Grandes Iniciados. Tiene el ritmo y está construida con la Divina Proporción, tal como si fuera -que lo es- el Templo de la Luz Eterna, el Templo de la Sabiduría Verdadera. Ese del Santo Grial que buscaban anhelantes los Caballeros y las Damas de la Tabla Redonda, símbolo del Eterno, de la Esfera Infinita.

Leamos con los ojos del alma, y veremos en sus páginas cristalizada la santa Operación de los Maestros de la Transmutación Alquímica, los "Mantras" sagrados, que es poesía y es música Divina.

Los Himnos de los Kobdas a la Luz y a los elementales de la Naturaleza, "Los Esposos Eternos" y "Los secretos del Padre" de Arpas Eternas, los cantos de Bohindra, el encuentro del Príncipe Abel con Walkiria de Kiffasusser, la aceptación de Myriam de ser la madre del Mesías Salvador de los hombres, la fidelidad inconmovible de los seguidores del Espíritu Luz, por sólo mencionar algunos de los hechos relatados en las Obras, son todos estrofas de un Cántico de Amor Eterno al Cristo y de adoración al Infinito, al Eterno Invisible, Alma Madre de todo lo que existe.

Por eso hermanos queridos de FCU., me he permitido remarcar esas enseñanzas de los Ancianos Maestros esenios del Monte Tabor hacia el humilde Simón, quién luego sería el Gran Apóstol del Maestro, la "piedra" de Su Templo espiritual, el querido Pedro.

Enseñanzas que tienen ya más de dos mil años pero que todavía son plenamente vigentes, y que nos tocan muy de cerca a los que intentamos seguir por los senderos marcados por nuestro eterno Instructor.

Es necesario, es imprescindible avanzar. Subamos a la barca de la "Aldea de los Esclavos" creada por el amor del Cristo profundamente enraizado en su Apóstol Zebeo, y vayamos siempre adelante con la bandera izada en lo más alto del mástil de esa embarcación cuyo nombre era "AMARE VICTUM": "AMAR ES VENCER". ¿Vencer a quién?, ante todo a nosotros mismos, esto es, esforzarnos denodadamente en lograr esa transmutación interna que nos lleve de la imperfección al camino de la perfección, de las sombras hacia los planos de la Luz, y de la inconsciencia a la Super-Consciencia a la que nos impele la Ley de la Evolución y a cuya vibración debemos llegar para mejor servir a la Causa del Redentor. Para todo esto nos ha sido dada la Obra que los santos Maestros han vertido como la Nueva Biblia de la humanidad que va llegando en las alas de la Edad Nueva y de la que formamos parte.

Gracias hermanos por vuestra atención y benevolencia al leer estas palabras que espero sean útiles a todos vosotros.

Un abrazo fraternal para todos y mi mayor deseo para que la Luz del Cristo sea siempre con vosotros.

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