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APÓSTOL
JUAN: “EL SOLITARIO DE PATMOS"
“Cumbres
y Llanuras”, inspirada Obra que culmina el preciosísimo relato de la vida y
obras del Divino Maestro Jesús de Nazareth, dedica su parte final al Apóstol
Juan –conocido como “el Evangelista” –donde describe fiel y detalladamente su
“Apocalipsis”, es decir, la gran Iniciación que el Apóstol Juan experimenta en
la soledad de una pequeña isla del Mar Egeo.
Posiblemente
sea la Iniciación de este discípulo del Cristo, una de las más profundas,
completas y magistrales en los anales de las Escuelas de Divina Sabiduría
fundamentadas por el Espíritu Luz Instructor de este mundo en el correr de los
tiempos.
Acompañado
por un reducido núcleo de amigos y servidores del Mesías, el Apóstol Juan ve
operarse en su Íntimo ser, las portentosas vivencias de los
mundos de la Luz increada, que le son abiertos para que él los pueda percibir
con total claridad dentro de su propio cuerpo, tal como se
desprende de la lectura de estos inigualables pasajes de esta Obra, que fueran
vertidos al papel en virtud de la capacidad psicográfica de Josefa Rosalía
Luque Álvarez, la gran Servidora del Maestro, que ella alcanzó en esos
instantes supremos en que un espíritu - aunque sujeto a un cuerpo de materia
densa – sale de esa cárcel de carne, y es transportado en las alas de seres
inefables a esas esferas radiantes de suprema belleza, donde sólo impera
la Realidad de Dios.
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“Cumbres
y Llanuras” - Capítulo: “El Solitario de Patmos”:
“Myriam,
la Augusta Madre de Yhasua el Verbo de Dios, fue llamada al Reino de Dios.
Juan, abrazado de Pedro, lloraba inconsolable. A ellos llegaron el tío Jaime,
Zebeo, Boanerges, Matheo, Marcos y María de Mágdalo. Todos habían escuchado en
el amanecer de ese día las palabras del Cristo: “No lloréis por Ella, que ya
descansa en mi Reino. Continuad sembrando la simiente, seguros que Ella
y Yo estamos con vosotros.”
Un mismo pensamiento parecía aletear como llama viva en la mente de todos: “Pedro
y Juan eran las dos columnas de oro y pórfido en que debía descansar el
Santuario espiritual de la doctrina del Cristo.”
Nota: Vemos en este pasaje que el Maestro pone a su
Madre en el lugar espiritual que la une para siempre a su Hijo. De ahí la
devoción de las almas cristianas hacia María, el cáliz elegido por la Ley para
traer al mundo la Luz y la Vida. “Ella
y Yo estamos con vosotros”, les dice la voz silente del Maestro a sus
fervientes seguidores.
Y
enseguida la afirmación de los apóstoles Pedro y Juan como las dos
columnas del Templo espiritual del Cristo.
“Cumbres
y Llanuras”: Capítulo: “La Escuela de Juan”:
Dice
esta Obra que la Escuela de Juan era “Escuela Superior de maestros
de vida espiritual.”
Estaba
formada por diez integrantes: Juan, Lino, Apolinar, Ignacio, Cleto, Euforo,
Anastasio, Policarpo, Evodio y Papías, jóvenes varones en la plenitud de sus
edades viriles, que voluntaria y conscientemente se consagraron al Servicio de
la Causa del Maestro. “Desear entrar en las riquezas y regalos de Dios,
es de todos, mas desear entrar en los trabajos y
dolores por el Hijo de Dios, es de pocos”, afirma una sentencia espiritual
del místico Juan de la Cruz. Este es el caso de estos jóvenes encabezados por
Juan, “el águila de los cielos”.
¡Qué
inmenso amor al Divino Maestro y a sus amados Apóstoles Pedro y Juan, sus guías
y mentores en esa etapa de sus carreras como espíritus, en la que obedecieron
los apremios e indicaciones de sus Íntimos o Yo Superior, sus Egos
primordiales, surgidos como “chispas vivas” del Eterno Esplendor,
células-madres de todas sus personalidades a través de enormes ciclos en su
desarrollo evolutivo!....
El
jovencito Papías llegó el último acompañado por su madre Anastasia. Al llegar
este joven que tocaba maravillosamente el arpa, Juan dice: “Yo esperaba uno
más, porque la voz me dijo: “Espera que sean Diez como los fundadores
de la Gran Fraternidad Kobda, que vivió un mil trescientos
años en su primigenia pureza de costumbres y elevación espiritual.”
Mientras
que el joven Galo, quiso asumir el papel de proveedor y cuidador de la Escuela
y sus diez integrantes, repitiendo la hermosa tarea que llevaran a cabo junto
al Maestro, el tío Jaime y Simónides.
Nebai,
Livia Augusta, Lucina, Petronila, Anastasia, Basilia y Gaudencia, fueron las
Siete mujeres que apoyaron espiritual y materialmente a la Escuela de Juan
establecida en la isla de Patmos, siendo, asimismo, el alma y el corazón de las
Congregaciones Cristianas en Roma.
En
esto vemos claramente de qué manera la mujer estuvo siempre dignificada por el
Maestro y sus primeros discípulos. Ella no sólo acompañó al Redentor y a sus
fieles seguidores, sino que se ofreció como holocausto vivo a la Obra del
Justo. Fue la dulce fragancia que emana de la mujer dedicada en alma y corazón
a una grande misión, la que saturó los caminos pedregosos de los Discípulos del
Divino Avatar.
Galo
contrató los materiales y obreros para construir el edificio propio de la
Escuela. Su diseño, de acuerdo al pensamiento de Juan, reprodujo en pequeño el
Santuario de Neghadá en el Delta del Nilo:
“El Aula, el Oratorio, el Jardín de Reposo, todo fue
una copia en pequeño de aquel Santuario de Neghadá sobre el
Nilo, que tan vivamente describían las Escrituras del Patriarca Aldis, que Juan
se sabía de memoria como las palabras de su Maestro y los nombres de los
grandes Profetas y las Tablas de Moisés.”
“A la medianoche de un veintiocho de Marzo fue inaugurada la Escuela con una meditación.”
Dicha
meditación fue de tanta intensidad y elevación espiritual, que el mundo la
conoce como el “Apocalipsis del Apóstol Juan”.
(Del
capítulo “El Solitario de Patmos”, tomamos este párrafo que nos revela un
arcano preciosísimo de la Ciencia de Dios y de las almas:
“La estadía de este Apóstol de Cristo en Roma, fue de
grande actividad espiritual, o sea, en su propio mundo interno.” )
La
entrega absoluta y completa de sus vidas que los Diez hicieron al Cristo Divino
como oblación ante el Altar de su Corazón Iluminado, fue como un Rosal siempre
florecido, base y coronación de esa Escuela de Divina Sabiduría de la que
surgieron memorables personalidades que alumbran con los destellos de la Luz Crística a las almas, en el correr de los siglos.
Para
llegar a esa paz interna, a la armonía y al amor recíproco que los hizo
unificar en un mismo cuerpo y una misma alma, debieron vencer las tentaciones
más duras que sus cuerpos viriles y jóvenes soportaron con honor y gloriosa
determinación. Todas sus energías dedicadas a sondear al Infinito con sus
fuerzas mentales multiplicadas y acrecentadas por la pureza de sus vidas.
Cuantas veces sentirían el silbo de su “yo inferior”, acuciándolos:
“Estás perdiendo la mejor parte de tu vida = la
juventud = y todos sus goces solamente por una utopía de la que nadie nada
conocerá, puesto que has elegido vivir en la soledad de este islote rocoso
perdido en el mar.
Eres un loco visionario. Abandona todo esto y vive en las grandes ciudades
donde tienes todos los placeres a tu alcance.”
Debían
resistir las imágenes mentales perturbadoras que el “enemigo interno, el yo
inferior” les sugería tratando que ellos debilitaran sus fuerzas y
energías, restándolas a la construcción de la “bóveda psíquica” que, cuál una
campana de radiantes vibraciones etéricas, se cernía
envolviendo todo el cuerpo orgánico de la isla de Patmos, así convertida
entonces en Templo y Santuario de la Luz Increada.
Esta
gran lucha interna los purificó como el fuego del crisol ennoblece los metales más
groseros y pesados, en un calvario que se vive en todo instante en una lid
sorda que sólo la siente quién la padece. Ahí triunfa la paciencia de
los santos, la templanza de los héroes, y el valor de los mártires.
Nos
señala la Obra, que esta juventud fue elegida por el Apóstol Pedro con gran
esmero y observancia, aun en medio de sus múltiples actividades misionales, las
acechanzas, peligros y traiciones que este admirable ser soportó heroicamente
con su fe acendrada y su amor a su Señor y Maestro.
Por
eso, la Escuela de Divina Sabiduría del Cristo, es tanto de Juan como de
Pedro, las dos columnas fuertes que sostuvieron el Santuario del
Divino Maestro en los tiempos liminares del Cristianismo.
Pedro,
la roca invencible, la piedra preciosa base y fundamento del Templo Espiritual
y la raíz firme del rosal inmarcesible y eterno del Cristo.
Juan, las siete rosas siempre vivas, encendidas y vivificadas por la savia
riquísima, esencia de la vida que es el Cristo de Dios.”
Tal
como nos señala “Cumbres y Llanuras”, de esta Escuela de maestros de Divina
Sabiduría, provienen los que en siglos posteriores prosiguieron con el estudio
y la difusión de esas enseñanzas, en lo que se dio a llamar genéricamente
como “Ciencias Ocultas”. Ocultas, porque la ignorancia y el
fanatismo, condenaban a la cárcel, la tortura y la muerte en horrendos
suplicios, a todo ser que tratara de iluminar las tinieblas de la humana
inconsciencia, con los rayos luminosos de la Verdad. Es muy larga y conocida la
nómina de los mártires que durante los últimos dos mil años sembraron las
semillas de la Ciencia Divina. Finalmente, esa siembra denodada, fructificó. En
la actualidad, entrando la humanidad en los portales de la Nueva Edad, todo lo
que fue oculto, queda expuesto a la luz del día para los seres que buscan y
necesitan de ese “pan de vida eterna” que es el Conocimiento proveniente del
Divino Instructor.
Prueba
de todo ello lo da justamente, el hecho de la amplia difusión de las Obras de
nuestra amada Fraternidad Cristiana Universal, que iluminan las almas con la
Luz Inextinguible del Maestro, quién, de esta manera, vuelve a darnos su
Presencia verdadera, cumpliendo su promesa de estar con nosotros hasta “el
fin de los tiempos”.
¡Isla
de Patmos allá en el Mar Egeo! ¡De ti surgió una Luz Invencible que disipó las
tinieblas, iluminando a inmensas multitudes de almas!
Como así lo hacen actualmente, estas enseñanzas surgidas de una mujer –canal e
instrumento elegido por la Ley, acompañada por un puñado de seres, en una isla
de un delta americano, cuyo nombre repite el glorioso de un Santuario del delta
del Nilo, emergido de la noche de los tiempos al ser rescatado por la
Obra: ¡Neghadá!..
“Como es arriba es abajo”, reza el viejísimo axioma
que encierra una verdad profunda. Y hoy que la ciencia posible en la Tierra, o
sea aquí abajo, ha captado la verdad de que todo se resuelve, efectúa y
es, mediante ondas que llevan luz, fuerza, energía y sonido a todos los
ámbitos del espacio infinito, creo que será mejor comprendido el hecho
indiscutible de que seres extremadamente sensitivos o dotados de lo que
se ha llamado un sexto sentido, están capacitados para captar esas ondas
que les hacen dueños momentáneamente de algunos de los Secretos del
Padre, como diría el genial Yhasua de Nazareth que, en sencillas y místicas
frases, encerraba supremas verdades.”
“Y
debido a esto, el joven apóstol de Cristo se veía inundado, digámoslo así, de
continuo, por esas ondas que bien pueden llamarse celestiales, ya que
de los cielos superiores le llegaban en un casi permanente oleaje, y le
llegaban en forma de luz o de sonido.”
“Los
médiums espirituales son verdaderos instrumentos receptores de corrientes y
principios que podemos transmitir; es éste el más alto grado de mediumnidad (en algunos casos por entero consciente),
y cuando pueden establecerse relaciones de sintonía, nos servimos de
ellas para el alto fin de transmitiros nuestro pensamiento.”
(“La Grande Síntesis” - Pietro Ubaldi).
He
aquí, claramente expresado el concepto de médium, o sea, de instrumento
o antena humana receptora de esas ondas vibratorias emitidas por
Inteligencias Superiores para dar mensajes de instrucción y enseñanza a los
seres que abren sus almas y sus corazones para recibirlos.
Pietro Ubaldi agrega el concepto de mediumnidad consciente, que indica a los
instrumentos humanos que no pierden su consciencia mientras perciben y
transmiten esos mensajes espaciales.
(Este
es el caso de nuestra amada Mamina, psicógrafa de los
cielos).
“Tal
era el secreto de la maravillosa transformación de Juan que todos atribuían al
cambio de sitios y lugares, a las nuevas tareas que se le confiaran, a las
amistades nuevas que había contraído.”
“Tan
sólo Pedro, Judá, Nebai y Lucanus, conocían cuál era la causa verdadera. Más
tarde lo conocieron también los compañeros de apostolado, y comenzaron a
llamarle en secreto: “El Notario de los Cielos” – “Águila del Espacio”.
No tardaron en aparecer ideas más avanzadas respecto al bueno y silencioso
Juan, y algunos pensaron también: “Es el viejo Profeta Henoch, que el Señor
manda de nuevo a la Tierra para descubrir los misterios sublimes
encerrados en el Cristo Hijo de Dios, que la malvada humanidad
terrestre hizo morir crucificado.”
…………………………..
Siguiendo a
“Cumbres y Llanuras”, en el capítulo “La Piedra de Cristo” leemos
este pasaje:
“El alma
glorificada del amado Maestro les esperaba sin duda para curar sus heridas y
fortalecer sus cansancios… sus desolaciones.
¡Cuán dulce y
suave es esta esperanza!
¡Y para Pedro
y Juan fue ampliamente confirmada!
La Divina
Presencia no tardó en hacerse sentir intensa y tiernísima.
Y ambos
dijeron a media voz las mismas palabras:
El
Maestro está aquí y nos llama.
¡Bendito seas
Señor, que acudes a consolar a tus siervos!, exclamó Pedro llorando de emoción.
Juan
cayó en hipnosis y quedó inmóvil como un dormido. La Divina Aparición no se hizo esperar.”
Capítulo: “El
Paraíso de Pedro”:
“La
alegría volvió a todos los corazones como un hada azul con las manos llenas de
flores. El lector bien comprenderá que dichoso paraíso fue para el dolorido
corazón de Pedro aquel día, comienzo del divino poema de amor que el Amigo
Eterno había tejido para sus dos apóstoles preferidos.”
“Cabe
aquí una breve reflexión sobre la ley de la afinidad, invulnerable como
todas las leyes divinas.”
“Ni
aun los seres más evolucionados pueden sustraerse a ella, como lo vemos
comprobado en todas las grandes Inteligencias que pasaron por esta Tierra
revestidas de carne.”
“La
igualdad en el sentir, el pensar y el querer es lo que despierta en las almas
encarnadas, esa profunda simpatía con que se forman las inquebrantables
alianzas de almas que, persiguiendo un mismo ideal, se siguen durante largas
edades hasta llegar a la unificación perfecta con el Infinito.”
Más
adelante el relato prosigue: “Un silencio interrumpido a medias por los
sollozos de Pedro, siguió a las exclamaciones de Juan.”
“El
arpa de Papías se oyó trinar suavemente en el Oratorio, y ambos Apóstoles
recordaron que la oración de la tarde era llegada y que sólo con ella
descansarían el alma de tanta desolación.”
“Y
la oración fue el bálsamo divino que pedían aquellas dos almas, tan cruelmente
lastimadas por las incomprensiones de sus propios hermanos de ideales.”
“Apenas
terminó la melodía del arpa, se llenó el ambiente de un efluvio de amor tan
intenso, que Pedro lloraba a sollozos imposibles de contener.”
“Había
pasado tanto tiempo entre la dura escarcha de recelos y desconfianzas, de
pensamientos adversos, de juicios equivocados, que aquel amor bajado de los
cielos como caricia de ángeles a un oscuro calabozo, le producía la dulce
emoción del día inolvidable cuando su Maestro le preguntaba:
“Pedro…
¿me amas tú más que los otros?”.
“Y
tan claras sintió estas palabras y tanto reconoció la voz que las pronunciaba,
que sin poder contenerse se puso de pie tendiendo los brazos mientras sus
labios repetían con gran vehemencia: - “¡Sí Maestro mío, tú sabes que te amo
por sobre todas las cosas de la Tierra!”
“¡Era
el momento solemne!”
“La
imagen radiante se plasmó en la penumbra silenciosa del
Oratorio, y todos percibieron al Maestro que tomaba las manos tendidas de Pedro
y atrayéndolo suavemente lo estrechaba sobre su pecho.”
“Era
la comunión del alma humilde del Apóstol con el alma glorificada de su Maestro.
La emoción demasiada intensa para el anciano, le hizo perder el conocimiento y
sus rodillas temblorosas fueron doblándose mientras la aparición se esfumaba
suavemente.”
“Varios
de los presentes acudieron a sostener a Pedro que se dejó caer por fin entre
los brazos que tan amorosamente se le brindaban.”
“Juan y Cleto aparecían dormidos en una quietud de
estatuas.”
“Y
el arpa de Papías continuaba vibrando, con la música de gloria usada para
cantar el salmo de agradecimiento a la Bondad Divina con que terminaban siempre
Nota: La Ley de Afinidad – la Oración – la Meditación,
unidas a la Música en un Oratorio consagrado a la Luz Infinita y al Amor
Eterno, confluyeron para que se realizara – nada menos – que la plasmación
de la imagen del Divino Maestro ya glorificado en el Cristo.
Pero
observemos que la Obra nos indica que, para el acontecer de ese bello fenómeno,
fueron necesarios canales humanos: “Juan cayó en hipnosis y quedó
inmóvil como un dormido”, en el primer caso. Y en la segunda plasmación dice:
“Juan y Cleto aparecían dormidos en una quietud de estatuas”
La
palabra plasmación proviene del concepto de plasma.
Por lo que no es casual su utilización: existe una sustancia imponderable,
neutra, que todo lo compenetra y que ofrece la cualidad de ser maleable, que le
permite justamente plasmar imágenes desde los planos y dimensiones etéricas, pero siempre que seres encarnados en cuerpos
físicos, sirvan como antenas conductoras e instrumentos para tales
materializaciones o plasmaciones.
Vale
decir, que la Ley Divina y su obra magna, la Naturaleza, siguen un orden para
todas las cosas: los seres espirituales desde sus diversos planos de
existencia, acceden al mundo de materia densa de una manera determinada.
En
estos casos concretos que estamos estudiando, utilizaron primeramente la sutil
vibración de la bóveda psíquica – que es como una gran campana de fuerzas
energéticas que se cierne sobre los sujetos concentrados en meditación en el
Oratorio, para luego, cuando esas “antenas receptoras” alcanzan la afinación a
esas notas vibracionales superiores, se produjo esa gran plasmación o
manifestación que “todos pudieron ver”, es decir, se hizo consistente, se
materializó realmente.
…………………………..
Capítulo
“El Águila Solitaria” - “Cumbres y Llanuras”
Solos
en la isla de Patmos, los apóstoles Pedro y Juan conversan sobre sus misiones y
las responsabilidades que las mismas implican en esa hora.
Juan
dice: “¿Recuerdas que Él lo decía?: “Mi voz no la escucharéis entre el turbión
y los tumultos, entre las inquietudes y las tormentas. Mi voz es el canto
del ruiseñor en las noches tranquilas en que ningún alboroto exterior ni de
vuestro interior, turbe la quietud de vuestra mente y de vuestro corazón.”
“Entonces…
Pedro pensó unos momentos; yo en mi alcoba y tú en la tuya, esperemos esta
noche la Voz del Señor”.
“Y
esa noche y al mismo tiempo, cuando Pedro y Juan oraban en sus alcobas
silenciosas, la Presencia Divina se hizo sentir intensa, viva, resplandeciente,
plena de luz, de paz y de ternura infinita.”
“Una
gloriosa trilogía que excedía en bellezas a cuanto
puede expresarse en este plano, trasladó a planos superiores a aquellas dos
almas que lo habían abandonado todo, siguiendo la voz del Cristo que
moraba en ellos.”
“Yhasua
el Cristo, su Madre, el justo Joseph, y en pos de ellos una multitud radiante
de almas purificadas por el amor, por el dolor, por la unión a la Divinidad.”
Nota: Observemos que este pasaje, hermoso en su
contexto, nos indica que Yhasua, Myriam y Joseph, constituyen la Mística
Trilogía – reflejo precioso de la Sagrada Tríada. Por la tradición cristiana
que a muchos de nosotros se nos ha enseñado desde pequeños, invocamos diciendo:
“Jesús, María y José, dadnos vuestra protección.” Y aunque algo velada, esta
tradición es certera, por cuánto la Sagrada Familia es una fuente y un
manantial de Amor, de Luz, Fe y Esperanza para todo ser que llega a ellos con
oraciones y pensamientos de amor.
Asimismo,
el pasaje de “Cumbres y Llanuras” que vamos comentando, nos dice de ambos
Apóstoles, que todo lo abandonaron para seguir “la voz del Cristo que moraba
en ellos, lo que es decir que Él había hecho Su morada en los corazones de
sus dos grandes Apóstoles.”
¿Cuál gloria puede ser mayor que ésta?
Sigamos
con el relato de este capítulo:
“Tal
fue la intensidad del gozo espiritual, tal la sensación de dicha suprema y la
tierna iluminación de la mente, que ambos creyeron que habían abandonado la
materia, el plano terrestre, y que libres de las miserias de este mundo, eran
también moradores del Reino de Dios.”
“Paz y Amor a mis amados”, díjoles el Maestro.
“Aun sois seres de la Tierra y vuestra cárcel de carne está con vosotros.”
“Unos momentos robados a las leyes que rigen la
materia para que sintáis la grandeza del Reino de Dios, es el galardón de
vuestro Maestro por vuestra inquebrantable fidelidad a mi pensamiento, a mi
palabra, a la Verdad de Dios que ella os anunció siempre.”
“Ambos
Apóstoles veían sus cuerpos inmóviles en el estrado de sus alcobas y separados
uno del otro, mientras en el radiante escenario celestial se veían uno junto al
otro y ambos, ante aquel maravilloso campo azul y oro, poblado de seres que les
envolvían en infinita suavidad.”
“Formaban
una Legión y todos eran sus amigos, sus hermanos y compañeros que aunaban
anhelos y esfuerzos para el triunfo del amor universal, ley suprema de
todos los mundos.”
“Os he traído a esta soledad – continuó la voz amorosa
del Maestro – para que ambos, en perfecto acuerdo, escribáis mi voluntad en
epístolas que enviaréis a cada uno de los Doce,sin
olvidar a Judas, que será en un futuro cercano al tiempo final, el auxiliar
encarnado del Guía de los países de los hielos eternos.”
“Porque cada uno de mis Doce será un día
conductor de una humanidad, y en mis días de hombre terrestre los dejé
preparados para ello.”
“Tus días de dolor en la Tierra están señalados por la
Ley Pedro, en tus manos, y porque has merecido el descanso, mi corazón
te lo da. Y a ti Juan te falta padecer aun el destierro en compensación a los
años que olvidaste tu deber de Apóstol mío, agobiado por tu corazón de carne
que me amaba desmedidamente.”
“El
abrazo del Cristo, de su Madre, de Joseph y de muchos de aquellos espíritus
testigos de esta escena de divina iniciación al Reino de Dios, fue
para los dos encarnados el olvido completo de todo cuanto ocurriera en sus
vidas en el pasado y en el presente. No existía más que el momento supremo de
unión íntima con lo infinito, verdadero y real.”
“Cuando
despertaron a la vida de los sentidos, ambos se buscaron uno al otro. Y cada cuál se encontraba solo.”
“¿Era
un sueño o una realidad? Es tan fugaz y escasa la dicha en la Tierra, que
cuando el alma siente la felicidad verdadera de un plano de luz, lo califica de
sueño porque sus pobres sentidos físicos no conocen más que los mezquinos goces
terrestres que son casi siempre ¡polvo, cenizas, nada!”
“¡Pulvis! ¡Cines! ¡Nihil!, diría un filósofo estoico de
aquella hora.”
…………………………..
“Voy
a llegar pronto, y llevo conmigo el salario para dar a cada uno conforme a su
trabajo.”
“Yo
Soy el Alfa y la Omega, el Primero y el Último, el Principio y el Fin.”
“Felices
los que lavan sus vestiduras (purifican sus cuerpos), porque así
tendrán acceso al Árbol de la Vida (la Morada del Cristo interno), y se
les abrirán las puertas de la ciudad (el Reino de Dios).
“El
Espíritu y la Esposa (la Sabiduría) dicen: “¡Ven!”. Que el que
escucha diga también: “¡Ven!”. El que tenga sed, que se acerque; y el que lo
desee, reciba gratuitamente el Agua de la Vida.”
(Juan – Apocalipsis – capítulo 22 – versículos 12, 13,
14 y 17)
¡Gracias
mil, queridos hermanos que tenéis la paciencia de leer estos escritos de
vuestro hermano de la Obra de Fraternidad Cristiana Universal!
¡Un
fuerte abrazo fraterno para todos, ahora y siempre!
Carlosalejandro origen del documento