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Moisés el Vidente del Sinaí

- Bien, anuncia a mis doncellas que antes del anochecer iremos a bañarnos al lago. Llama a Jacobed, y entre los forraremos con piel de antílope la canastilla de los primeros días de Aarón.
Solo es madera y mimbre sin lujo alguno así conviene para mis fines.
-¿Qué pensáis, señora, por favor? ¿Vais a ahogar al pequeño?
-No seas tonta. Déjame hablar. ¿No ha dado el nuevo gobierno decreto de muerte a los varoncitos de Israel? Pues bien, mi pequeño es un hijo de Israel condenado a muerte, y su madre lo arroja al río para cumplir la orden.
"Yo voy con mis doncellas a bañarme, lo vemos, lo recojo y ya está hecho todo.
"Con la creciente de esta noche el lago está rebosando. Las aguas del canal corren con fuerza. ¿No se puede pensar que la corriente le trajo hasta aqui?
-¡Sois admirable, señora! ... Bien se ve que la Divina Isis os asiste en el sueño.
-Vé a prepararlo todo, pero antes llama a la habitación del maestro, y anúnciale que necesito hablarle.
"A Amram le llamaré yo misma. -Dio tres golpes al gong de plata que tenía a su lado, y Enabi salió.
El anciano sacerdote y Amram se espantaron de Ia resolución de Thimetis.
¿No sería un peligro de muerte para el niño?
¿Sería aceptada la estratagema como verdadera?
¡No pretendería el gobierno arrebatar el niño por ser de Israel?
A todos estos interrogantes la Princesa contestaba con plena seguridad: -Cuando Isis me lo ha dicho en sueños, es porque así debo hacerlo. -Y así se hizo.
La canastilla de mimbres que ya no usaba el pequeño Aarón, fue embreada por fuera y tapizada de piel por dentro. Y cuando las gentes del castillo, se preparaban para la comida de la tarde Amram y Jacobed llevaban un pequeño farddo al cañaveral del canal y la mansa corriente conduciría la canastilla salvadora a las tranquilas aguas del lago.
Caía la tarde, y Thimetis con sus damas bajaba la escalinata del castillo para tomar su baño.
Grande fue su estupor al no encontrar entre las olas su escondido tesoro. Pero Enabi que había seguido con la mirada a Jacobed y Amram, que iban hacia el cañaveral en que desembocaba el canal en el lago, dijo de pronto:
Señora el sol calienta aún mucho aqui. Vamos a las cañas que nos darán sombra.
Una mirada de inteligencia hizo comprender a la joven madre alarmada, lo que su favorita quería indicar.
Las doncellas corrieron hacia allá con el tapiz y cubiertas que Thimetis necesitaría, y una de ellas gritó de inmediato:
-¡Un niño ahogado! ¡Un niño ahogado!
A los gritos acudió Amram y otros servidores del castillo. Varios hombres entraron al agua y la canastilla prisionera del cañaveral fue llevada ante la Princesa.
Madre al fin, no pudo mantener la serenidad y cayendo de rodillas ante el niño dormido, rompió a llorar a grandes sollozos.
-No está ahogado, señora, no está muerto -le decían- ¡No veis los colores de su carita que parece una flor de granado?
-Sera un hijo de los de mi raza que han sido condenados a muerte -dijo emocionado Amram.
-Pues juro por Isis que éste no morirá -dijo la Princesa levantando al niño dormido.
"Tendrán que matarme a mí si quieren matar al niño. En presencia de todos vosotros declaro que le adopto como hijo y que defenderé su vida con mi vida.
Amram con su silencio disimulaba su intensa emoción.
-Los Dioses le han salvado de las aguas, y es este un hijo de los Dioses -dijo el anciano Amonthep.
-Y te llamaré Osarsip -añadió la Princesa- porque tú lo has dicho, maestro, "salvado de las aguas".
-¡Es verdad! ... ¡Oh, es verdad! -exclamó el anciano Osarsip en nuestro lenguaje del Templo significa eso: "salvado del agua".
"Gran misterio se encierra de seguro en este niño.
"Y si los dioses le conservan la vida, será con un gran designio para bien de este, mundo.
Como el pequeño pesara mucho para que Thimetis lo llevara hasta el castillo, se le acercó Amram y le dijo:
-Si no os oponéis, Princesa Real, le llevaré yo hasta subir la escalinata. -Thimetis se lo entregó en silencio. La conmoción de ambos era profunda. Hubieran podido sentirse los latidos del corazón. Mas todo se esfumó -en el silencio de aquel anochecer. Los mirlos azules de Egipto cantaban entre las palmeras la última canción del día y en el diáfano azul de los cielos reverberaban las primeras estrellas, cuando Av-Isis-Thimetis, Princesa Real de Egipto, entraba al castillo del Lago Merík con su hijo en los brazos.
Esa noche se brindó por el niño salvado del agua y no faltó algún comentario secreto de que el niño pudiera ser un hijo del gobernador del castillo que, era hebreo de raza aunque egipcio de nacimiento.
Este pensamiento se desvaneció momentos después, cuando el mísmo Amram pidió a todo el personal del castillo que en atención a la Princesa que adoptaba al niño como hijo, no divulgaran el hecho hasta pasado un tiempo, lo suficiente para que hiciera olvidar el extraordinario acontecimiento.
En los más secretos archivos del Templo de Menfis, el nacimiento fue anotado tal y conforme a la verdad:

"En el castillo del Lago Merik nació el día diez y siete del mes doce del año, Osarsip, hijo de Av-Isis-Thimetis, Princesa Real de Egipto, hija de Setí Ramsés I, Rey de Reyes, hijo del Faraón Setí Amón; y de Epuvia Ahisa, hija del Gran Sfaz de Mauritania.
Su Padre es Amram, hijo de Eleázar, de la Tribu de Leví, de la raza de Abraham, con carta privilegio del Faraón, para ser considerados nativos de Egipto."

Y aparecían firmando el acta de nacimiento: Amonthep, sacerdote del Templo de Menfis. Atón-Mosis, médico de la Casa Real. Enabi de Gohn, azafata de la Princesa Real. Amram, padre del niño. Jacobed, hermana suya, ama de gobierno del castillo del Lago Merik. Av-Isis-Thimetis, Princesa Real y madre del niño.
Revisado y comprobado debidamente. Ohad de Sais, notario Mayor. Carmi de Heliópolis, escriba del Temnlo de Menfis. Pthamer de Thebas, Pontífice del Templo de Menfis."

Moisés Volumen I Tomo I pag. 41-44.

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