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Países de Lemuria: eran dos grandes regiones separadas por un extenso istmo que era todo él una cadena montañosa llena de volcanes en actividad.

 

La región de oriente se  denominaba  Wormidas o País de los Wormidas, cuyo significado en nuestras lenguas vivas, sería Hormigas o País de las Hormigas.

 

Eran razas de seres pequeños, de color oscuro y ojos alargados en sentido horizontal. De esta raza descienden, algo más perfeccionados físicamente los Cuschitas de la época de los Kobdas, que les encontraron en la baja Mesopotamia, así mismo los chinos y los japoneses de la actualidad.

 

Vivían en tribus numerosas aglomerados en cuevas de las montañas. Sin el orden de la familia ni de uniones legales en forma alguna, los seres humanos se multiplicaban con pasmosa fecundidad desde la adolescencia.

 

Las mujeres daban a luz dos o tres hijos cada vez.

 

Darappa, Wenjoha y Henvodaro (ver mapa época lemuriana) eran verdaderos puertos de mar usados para el transporte de viajeros, maderas, piedras y bestias. Los otros pueblos que estaban a la orilla del mar, tenían enormes acantilados sin labrar, por lo cual eran usados por lo cazadores de seres humanos adultos y niños destinados al comercio de carne humana salada que las tribus de antropófagos pagaban a buen precio en oro y piedras preciosas abundantes en aquellas grandes montañas.

 

Las tribus de esta región eran bastante más retardadas que los habitantes de la región occidental. Y esas fueron los asesinos de Juno.

 

Región de occidente: Las razas autóctonas de esta región eran tipos altos, casi gigantes y eran así llamados: los Gegantes. En aquellas lenguas primitivas la palabra gegante significaba tamaño grande.

 

Ambas regiones estaban separadas por el extenso “Istmo de Fuego”, llamado así porque todo él era una cadena de montañas con volcanes en actividad, razón por la cual ninguna vida animal ni humana aparecía allí.

 

Esto explica la casi nula relación existente entre una región y otra de ese vastísimo Continente que hoy llamamos  Lemuria, pero en aquellos remotos tiempos denominaban Kremuria, frase que en nuestras lenguas significaría  “Tierra Quemada” aludiendo a la abundancia aterradora de volcanes que ocasionaban frecuentes huidas de hombres y animales de un lugar a otro.

 

En la ciudad de Supradeva apareció a la vida física Juno, hijo de un labrador llamado Esnek  y de una pastora de antílopes llamada  Adhala.

 

Ambos fallecieron en una epidemia dejando a su hijo huérfano de siete años. Un amigo de su padre, marino, dueño de un barco de carga, le tomó a su cuidado e hizo de él un experto y hábil marino.

 

En la Ensenada de los Pinares (País de Envodaro) donde Juno anclaba su barco, fue echado a pique y murió allí junto con su esposa ciega, Vestha.

 

 

 

Datos sobre la humanidad en Atlántida

 

La humanidad de Atlántida tuvo origen de los fugitivos de dos grandes Islas existentes en el Pacífico (mar Sereno).

 

La una Rutak, en la región ecuatorial, de la cual sólo queda el más alto pico de sus montañas que emerge del océano  y que hoy la llaman Galápagos.

 

La otra estaba en la parte Sur donde quedan como vestigios otros promontorios de rocas que hoy denominan San Félix y que en la remota prehistoria se conocía por Pax-Kanlit.

 

Al hundimiento de esas dos grandes islas, los emigrantes que formaban dos tribus emigraron por mar a las tierras que sus augures les dijeron que existían al norte.

 

Una de las tribus (Akapulcos) que eran labriegos y ganaderos se instalaron en lo que ellos  llamaron  Monte-Negro por el oscuro verdor de su exuberante vegetación.

 

La otra tribu (Chihualkuas) que eran mineros y metalurgistas se instalaron en lo que ellos llamaron Monte-Sol por el color de sus montañas rocosas en las que descubrieron vetas del color del sol (oro).

 

Ambas regiones fueron variando los nombres con el tiempo hasta llegar a Cerro Negro y Valle de Oro de la época de Anfión.

 

En aquella remota edad contaban el tiempo las humanidades primitivas por la aparición y crecimiento de la luna en la que contaban tres fases: Nueva – Llena y Muerta.

 

Les llamaban Eskalas y cada Luna Nueva era motivo de una fiesta de gran algarabía, como para nosotros  el día de año nuevo y contaban las edades de los humanos y de los animales por las lunas nuevas o primera eskala que había visto.

 

No existía en aquellos lejanos orígenes de las humanidades, mas calendario que las fases de la luna, la aparición del sol como comienzo del día, y su desaparición la terminación del día y comienzo de la noche.

 

Las Estaciones de nuestro año para aquellas edades eran sólo dos: la canícula o verano que comenzaba con la aparición de los primeros brotes en yerbas, arbustos y árboles; y el invierno que se anunciaba con la caída de las hojas.

 

No siendo conocida en aquellos tiempos la ancianidad decrépita que nosotros vemos, aquellas humanidades dividían la vida de los seres en dos etapas: Vida y Muerte.

 

Y lo mismo el tiempo. La época de la floración y de los frutos era la Vida. El frío y la nieve eran la Muerte.

 

De  esta gran diferencia en las apreciaciones, viene la confusión que resulta para los que quieren contar el tiempo de las edades pretéritas con igual medida que en los tiempos actuales.

 

En dos ciclos y medio llegó la humanidad Atlante a su mayor apogeo. Y su decadencia comenzó cuando las Inteligencias venidas de Júpiter, de Arturo y de Capella que habían impulsado su evolución, tornaron a su planeta de origen.

 

Los espíritus más avanzados del Reino Animal hicieron su entrada al Reino Humano, al mismo tiempo que los retardados  de otros planetas se posaron en las selvas atlantes y un ciclo mas transcurrió entre guerras, pestes, epidemias y movimientos sísmicos.

 

Un poderoso desarrollo de fuerzas mentales malignas de magos negros fugitivos de Mercurio y Urano preparó y precipitó las enormes catástrofes que recién en esta época empieza a conocer la humanidad actual.

 

Hay una estrecha relación entre la religión, las costumbres y las modalidades de la humanidad atlante con la remota antigüedad de las civilizaciones del África Norte y ello se debe a los emigrados atlantes que desde el primer hundimiento de la región Noroeste comenzaron por dirigirse a las Tierras Altas como llamaban a la cadena oscura de la cordillera Atlas que se entreveía en las lejanías del oriente desconocido.

 

 

 

Osiris

 

Había una región llamada Monte Rojo porque sus montañas eran de pórfido, y ostentaban sus ciudades los más grandiosos monumentos, templos, columnas, acueductos y obeliscos con tal profusión y extraordinaria riqueza que llamaron a su fastuosa capital, Diosol.

 

De esta ciudad luz salió como un triste proscrito un sacerdote del más grandioso templo construido de pórfido y oro en la suntuosa capital. Había enseñado en su aula que el Eterno Invisible es Unidad Absoluta y Eterna, de la cual surgen todas las almas  invisibles y eternas como ÉL.

 

Las altas autoridades del templo le consideraron loco y le condenaron a calabozo perpetuo para que no envenenara las inteligencias de la juventud de aquel tiempo.

 

Tres de sus más íntimos discípulos le hicieron escapar de su encierro y con ellos huyeron hacia las Tierras Altas  porque tan severa y rigurosa era la condena de cárcel perpetua o muerte, que no se creyó seguro en ningún paraje de aquel continente que los mares comenzaban a sumergir.

 

El nombre de nacimiento era Anade de Askersa, pero él tenía compuesto un verso escrito en esta forma:

 

" ¡Oh, Eterno Invisible

Soy tu mismo

Y si eterno me has forjado

Rico soy en tus verdades

Inmortal como es mi Padre

Soy tu hijo, Tú lo sabes!"

 

Y tuvo el dolorido proscrito de la magnífica Diosol la idea de cambiar su nombre Anade Askersa por el vocablo formado por las seis letras que encabezaban sus versos: O-S-I-R-I-S.

 

Fue así el celebre y jamás olvidado Osiris egipcio. La fantasía, la leyenda, el mito y la ignorancia hicieron todo lo demás alrededor de este ser sacrificado por la incomprensión humana que como en todos los tiempos  hizo víctimas a millares.

 

Fue el mismo Mizraim de Tanis, que en la época de Anfión, el Rey Santo de Atlántida Occidental, se llamó Spano-San, y muchos milenios después, en los días gloriosos del Maestro Antulio fue vuestro viejo y fiel compañero Hilkar de Talpaken.

 

 

 

Constelación “Agnus  Dei”

 

Los Querubes resolvieron crear ésta nebulosa para llenar el vacío dejado por el aniquilamiento de cuatro planetas que en decrepitud se habían disgregado en polvo. Cuando la nebulosa tomó forma al mandato de los poderosos pensamientos de los Querubes, esa forma era la de un cordero y esa forma permaneció hasta que los globos se fueron diseñando claramente. Los Querubes que contemplaban con amor su obra, al ver que la nebulosa era un cordero claramente estampado en el infinito azul, exclamaron a coro: ¡Agnus Atman! (Cordero de Dios) y la constelación tomó el nombre de Agnus-Dei en nuestro latín.

 

De ahí viene  que el Cristo que fue elegido para guiar el Sistema  sea simbolizado y llamado Cordero de Dios. Los Kobdas conocían esto y tomaron como su símbolo el Cordero entre los brazos del Mesías.

 

 

Cristo

La palabra Cristo significa: Ungido por la Eterna Potencia para un fin determinado.

 

Cirio

Cirio fue el Cristo de la Constelación del Can Mayor.

 

El Gran Padre Cirio tuvo a su cargo la tarea de poblar de almas y vida física desde la larva, a nuestro Sistema Planetario, hasta que sus Setenta hijos espirituales llegaron a la evolución necesaria para ser Conductores y Guías de humanidades, y a cada uno de los cuales les fue asignado uno o varios planetas para conducir y guiar.

 

ANFIÓN DE OROZUMA

El gran espíritu Luz tomó materia carnal en Atlántida cuando hacía más de medio ciclo (+ l2.500 años) que existía humanidad en ese continente.

 

Después de su muerte tuvo lugar el primer hundimiento parcial de ese continente.

 

Los sumergimientos comenzaron y siguieron desde la región del noroeste hacia el sudeste.

 

ANTULIO DE MANHA ÉTHEL

Tornó nuevamente a la materia carnal después de 3.500 años en la capital del país de Dyaus (Atlántida).

 

Pasados veinticinco (25) años de su muerte tuvo lugar otro hundimiento parcial del continente atlante.

 

 

 

A LA LUZ RADIANTE DE LA CIENCIA ESPIRITUAL

 

¿Qué es  la familia?

 

“Es la reunión de seres de una misma sangre surgidos de la unión de un hombre y una mujer bajo el control de las leyes civiles y  religiosas”nos contestará toda la humanidad al unísono.

 

Los espiritualistas decimos: es la reunión bajo un mismo techo de almas hermanas, unidas a veces desde largos siglos por esa ley eterna de la afinidad o por alianzas libremente pactadas para cooperar en conjunto al cumplimiento de misiones determinadas que las inteligencias desencarnadas se imponen o aceptan en pro de un Ideal en torno del cual  se  han congregado.

 

Considerada la familia bajo este  punto de vista, fácil es despertar en cada cual la conciencia de sus responsabilidades en cuanto al cumplimiento de los deberes contraídos desde un lejano pasado para el momento presente, y que ineludiblemente tendrá repercusiones en el futuro material y espiritual de todos.

 

No hablamos aquí de esas uniones conyugales nacidas del fuego fatuo de un sensualismo grosero, o de un interés egoístamente premeditado; que en estos casos, por desgracia muy comunes, solo seres de muy escasa evolución serán los que surjan como flores de la ciénaga, que no otra cosa es la sensualidad o el interés que ha llevado al tálamo nupcial  a seres que jamás sintieron el amor verdadero en toda su  sublime y divina grandeza.

 

Porque “Dios es el amor”, según lo dijo Juan el Apóstol en su inspirado y genial evangelio. Y con él todos los escritores de la primera época cristiana y de los que siguieron sus huellas en los siglos sucesivos.

 

Hablamos aquí de una familia surgida de un amor verdadero y a la cual puede aplicarse la frase de bronce y piedra del Cristo Divino: “por los frutos se conoce el árbol”. Poemas vivientes de comprensión y de compañerismo en que padre, madre e hijos no forman sino una sola red de oro, que aunque conste de muchos hilos, todos tienden al mismo fin: el bien de todos.

 

Misterioso y fecundo rosal, que aún teniendo múltiples ramas todas ellas se cubren con flores del mismo color y de idéntico perfume para el bien de todos.

 

Hermoso y sólido candelabro de oro cincelado que aunque compuesto de muchos cirios, todos ellos derraman por igual su claridad para ahuyentar las sombras, en bien de todos.

 

Tal es y debe ser la familia constituida sobre el basamento de un amor verdadero, en el cual no ha infiltrado su aliento pestífero el sensualismo, ni ha tocado la garra del egoísmo y del interés.

 

Se dirá que tal tipo de familia es un sueño lírico y no una realidad en el mundo en que vivimos...

 

El  Cristo fue entonces el gran lírico soñador con la familia así formada y constituida y lo dejó bien definido cuando dijo, hablando de las uniones que realiza el Amor: “Lo que Dios ha unido los hombres no lo separan“.

 

Y si tales familias no abundan entre la humanidad terrestre, culpa es de la equivocada educación que se da a las masas en las cuales se despierta por todos los medios posibles una desenfrenada sensualidad que raya en degeneración, matando el pudor en las doncellas y la dignidad en los jóvenes, hasta el punto que como Diógenes buscaba un hombre con su linterna, hoy por hoy se podría preguntar: ¿Dónde están las doncellas de antaño, que en torno de la madre, lámpara excelsa del hogar, trabajaban, estudiaban y oraban?. Los lirios blancos se han secado en sus sienes y los velos del pudor los lleva el viento hecho jirones...

 

Sobre los altares de la humanidad se ha colocado  cual exclusiva divinidad el becerro de oro, como aquel en derredor del cual danzaba el pueblo Hebreo, mientras Moisés en subida contemplación recibía de Jehová una Ley para su pueblo, llena de sabiduría.

 

 

INCAS - PERÚ

 

En una gran montaña del Perú denominada Huanacauri, habían levantado los antiguos Incas su grandioso Templo del Sol, a donde concurrían súbditos del vastísimo Imperio Incaico en las fases zodiacales en que ellos celebraban sus cultos.

 

El Inca Huaina-Capac tenía suntuosos castillos que eran verdaderas fortalezas en diversos parajes del imperio, pero habitualmente residía en la ciudad de Cuzco, su gran capital, cercana a la montaña Huanacauri.

 

Una de aquellas fortalezas se alzaba al pie de la montaña Huantajaya en la antiquísima provincia de Tarapaca, y el personal que lo habitaba era el constante vigía de las valiosas minas de oro de aquella montaña, una de las fuentes de la fabulosa riqueza de los Incas.

 

El Huasicama (mayordomo o regente) de la fortaleza era de toda la confianza del Inca, y como tenía tres bellísimas hijas, era pues para éste un lugar lleno de atractivos.

 

De los tres el Inca eligió para sí a la segunda cuyo nombre Ucayali, le había sido dado por la especial circunstancia de que ella nació en un barco a vela mientras cruzaba su madre el río de este nombre, en la provincia peruana de Huanuco.

 

A las otras dos hermanas las mandó consagrar entre las Vírgenes del Sol a los fines de que ningún mortal pudiera mezclar su sangre con la sangre de la familia que había sido elevada a formar parte de la familia del  Inca.

 

Una de estas doncellas, la menor llamada Huaraví, pasados unos cinco años tuvo un amor y pidió licencia para casarse, y aunque el Gran Sacerdote quería dárselo, Huaina Capac lo negó en absoluto y mandó que fuera encarcelada la doncella. Mas como tuvo noticias de que el amante rondaba por alrededor del presidio, mandó que fuera ofrecida en sacrifico al sol.

 

Fue vestida de desposada y el Gran Sacerdote le abrió el pecho y le arrancó el corazón.

 

"- Que mi sangre inocente caiga sobre la cabeza de mi asesino." - había dicho la joven antes de morir. Su amado se sacrificó él mismo al pié del ara en que ella moría.

 

Como el Inca supo todo aquello, perdió la paz y no tuvo ya sosiego hasta su muerte. Creía ver el corazón de Huaraví a la salida y a la puesta del sol que como un globo de sangre se acercaba y se vaciaba sobre él.

 

Fue Ucayalí  la mujer de su juventud a quien elevó a la categoría de esposa.

 

Los Incas se permitían el lujo que se han permitido siempre todos los reyes de la tierra, o sea el tener amores en cada región de sus dominios.

 

Y así fue que Huaina Capac se prendó después de una hermosa doncella de Quito, hija de un rico ganadero que contaba por millares sus tropillas de llamas, de vicuñas y de gacelas.

 

"- Quiero para mí, la mejor de tus gacelas -le había dicho al padre-, ¿cuánto quieres por ella?".

 

El  ganadero creyó que se trataba en verdad de una gacela de su rebaño y le contestó: "- Llevad Señor, cuantas queráis que será honra para mí.

 

"- Quiero sólo esta - dijo, tomando la diestra de Huarí, la más jovencita de las cuatro hijas mujeres del ganadero, el cual aunque con dolor, al fin tuvo que acceder".

 

El Inca se mostró generoso en extremo y dio al padre una hermosa porción de las montañas de Cajamarca, donde había grandes filones de plata y oro para explotar.

 

Huarí cubierta de sedas y joyas, pronto olvidó padre y familia y siguió al Inca cuando pocos meses después partió de Quito con dirección a Huamalies, ciudad populosa, pero cuya mayor belleza era el castillo que en ella habían levantado los antepasados de Huaina-Capac.

 

En aquella fortaleza encerró a Huairi como en un cofre de oro y púrpura, donde todo capricho de la hermosa adolescente era una ley ineludible.

 

Y sus tres hermanas fueron también a engrosar la dorada legión de las Vírgenes del Sol.

 

Mientras sucedía todo esto, ya Ucayali, la esposa primera tenía una hijita de tres años y un varón recién nacido que era el heredero legítimo al legendario imperio de los hijos del Sol. Pero casi al mismo tiempo del nacimiento de ese niño, a quien llamaron Huascar, le nació a Huari en la Fortaleza de Huamalies un hermoso niño varón que venía a tener casi la misma edad del otro.

 

Este niño fue Atha-Ualpa, y de aquí vinieron las dos ramas en que se dividió la descendencia de Haina-Capac, y ese es también el origen del trágico fin de los dos hermanos, Huascar fue asesinado al subir al trono de sus mayores, por los partidarios de Atahualpa, que pretendía la mitad del Imperio de su padre.

 

En represalia de este hecho años más tarde, los desdientes y partidarios de Huascar ofrecieron a Pizarro, el conquistador  español, la  oportunidad de apoderarse de Atahualpa, para cuya caída y muerte le ayudaron eficazmente los otros.

 

Cuando ya el Imperio de los Incas fue sólo un fantasma del pasado, aún continuaban en lucha las dos familias que llegaron a prodigarse recíprocamente odios a muerte hasta que una niña, nieta de Atahualpa, y un niño nieto de Huascar, fueron conducidos por un anciano Huasicama, que había sido de la viuda de Atahualpa, o sea de Huarí, a las cavernas subterráneas de la fortaleza de Huamalies.

 

El anciano inspirado por el Gran Sacerdote del Templo del Sol hizo aquello para tratar de cortar los viejos rencores y ver de unir los dos bandos en un supremo esfuerzo por levantar de nuevo el Imperio de Atahualpa, al cual había amado con delirio como todos sus partidarios. Ni Huarí ni Ucayali, las dos madres, vivían ya.

 

El anciano quiso salvar a estos dos tiernos vástagos de la persecución de las falanges españolas que trataron de cortar todos los caminos de un nuevo resurgimiento imperial.

 

La niña se llamaba Ucali y el niño Ascaran. Contaban la una diez años y el niño doce.

 

El anciano protector, que era a la vez depositario de muchos secretos de sus amos, entregó los niños a una hija suya casada con un modesto ganadero de las orillas del río Pachitea, en la provincia de Huanuco, con la consigna de hacerles pasar por hijos suyos.

 

Esta niña fue la reencarnación de Huaraví sacrificada al Sol,  y el niño Askaran era una vida nueva de de Haina Capac.

 

Diríase que la eterna Ley les unía nuevamente para reconciliarles, pero no fue así, pues ambos niños vivían en continuas disputas causando amarguras sin cuento a sus padres adoptivos.

 

Si Ascaran recogía nidos con pajarillos, ella buscaba el modo de soltarlos a volar. Y su Ucali cuidaba sus flores, Ascaran les arrojaba agua hirviente y las secaba...............

 

(Estimado amigo aquí termina el texto encontrado entre los manuscritos de Mamina. Todo hace suponer que no hubo reconciliación y que terminó de mala forma.)

 

PD: Huascar: hermano de Atahualpa por parte de padre (m.l530)

Huanacauri: montaña del Perú cercana a Cuzco donde los antiguos Incas tenían su templo del Sol.

Huantajaya: montaña de la antigua provincia peruana Tarapaca (minas de oro)

Huasicama: mayordomo

Huari: madre de Atahualpa, hermosa indígena de Quito…

Huascarán: alta cima siempre nevada de los Andes orientales del Perú, junto a Yungay.

Ucayali y Pachilea: ríos navegables del Perú, prov. de Huanuco

Huamalies: ciudad del Perú donde se encuentran las célebres ruinas del castillo en que el Inca Haina Capac tuvo a Huari escondida del odio de la esposa legítima.

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