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FRATERNIDAD
CRISTIANA UNIVERSAL
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Semblanza
del Maestro SIDARTHA GAUTAMA -BUDA-
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Loado sea el Gran Todo Universal
Una hermana vuestra que os ama porque os comprende
es quien llega a daros la definición que
deseáis del grande y excelso hijo de Susodana
y Maya Devi en cuanto a su materia, y del Eterno Creador Invisible
según su espíritu.
Yo era tía suya y quien le crió, a la muerte de su madre que ocurrió
a los siete días de nacido el niņo. La
misma monja budista que en vuestra obra " Cumbres y Llanuras" hace
aparecer el Autor, devolviendo la fe en los prodigios espirituales a uno
de los misioneros del Gran Misionero.
Le crié y eduqué de niņo,
y le seguí a lo largo de su misión
redentora de almas. Creo que la Divina Ley es acertada como siempre al designar
a esta insignificante criatura para describir la persona física
del gran Enviado de La Eterna Potencia.
Tenía la ideal belleza de su madre y la noble majestad y entereza de
su padre. No creáis ni por un momento en
que esos muņecos contrahechos y horribles que llaman imágenes
de Bhuda, lo sean, así
su materia sea oro o marfil. Eso lo hicieron sus enemigos para dar a la humanidad un escracho monstruo
de fealdad que le causara el espanto de un semidemonio.
He aquí su verdadera imagen:
"Estatura regular, en vuestro modo de medir sería de un metro setenta
centímetros. Su cabeza perfecta, cubierta de cabellos
castaņos sedosos y finos, que yo conservé toda mi vida, cuando al
hacerse misionero, se hizo, cortar la cabellera. Su frente como una bóveda
de marfil era un campo raso donde a momentos parecía
resplandecer una luz suavísima que hacía
entrar en recogimiento a quien la veía.
Y yo la ví muchas veces.
Bajo la débil sombra de unas cejas
apenas visibles estaban como dos dardos de luz sus ojos color de avellanas
maduras, tan dulces al mirar y a la vez tan profundos,
de tan penetrante mirar como si leyera o buscara leer en el alma que se
acercaba a su lado.
No tuvo nunca barba y sí sólo un ligero vello castaņo
claro sobre sus labios de un rojo pálido
de rosa cuando va a deshojarse.
Su mentón delicado y suave como
su garganta y su cuello, más pareciera la
propia fisonomía de su madre embellecida por la firmeza y
majestad del hombre en plena virilidad.
Sus grandes ojos castaņos llenos de luz del Infinito decían muy claro, en el sentir de todos los sabios,
que aquel cuerpo era el templo del Gran Espíritu
Luz.
Sus manos delgadas y de largos dedos, siempre en su mesa de estudio
estaban apoyadas tranquilas y lacias sobre libros, pergaminos y mapas. Eran
tan quietas y mansas sus manos como hechas solo para acariciar y bendecir.
Cuando comenzó su misión
y trocó sus galas de príncipe
por el sayal del misionero, mirad como fue Sidartha,
el príncipe heredero del vasto Nepal:
Su sayal oscuro color de avellana como sus ojos, un capuchón que daba sombra suave a su frente de marfil,
y atado a la cintura con un cordel de cáņamo.
Entonces tomó la costumbre de apoyar su mano izquierda sobre
el pecho porque me confesó que sentía
un dolor agudo allí, el cual se aliviaba con el calor de su mano.
"- Es el dolor - decía- de la humanidad
que fue absorbido todo por mi corazón.
"
Con la diestra sostenía siempre
su libro favorito el " Baghavad-Gita"
o "Voz que habla al alma en el Silencio", escrito por Él
mismo en su vida de Krisna en sus horas de iluminación
interior.
Tal es el retrato fiel que conserva mi mente del Hombre Luz que
fue Sidartha, hijo del Rey Susodana y de Maya-Devi, soberanos del Nepal.
Vuestra
hermana, Pradjapati Gautami.