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Bhuda
El místico Ermitaño de Benares
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"-Soy la anulación del yo inferior del hombre, soy el silencio de sus instintos de bestia, la destrucción del deseo, y el renunciamiento, a cuanto hay de pasajero y efímero en los engañosos jardines de la vida. La humanidad se hundía en un abismo de oro y cieno, por la ambición y la sensualidad llevados a extremos de locura, de barbarie y de crimen. El dolor, la miseria y la muerte prematura, enseñoreados de las sociedades humanas, amenazaban con furias de avalancha que arrastraría todo al abismo".
Por Divina Ley, Buda comprendió como ninguno, por interna iluminación, que los dolores humanos tienen por causa el deseo.
"¿Qué es el dolor sino
un deseo no satisfecho? Desea el que ama, desea el que odia, desea el rey y
desea el vasallo, el rico y el pobre, el joven y el viejo, el sano y el enfermo,
el vencedor y el vencido.
Y de toda esta efervescencia de tumultuosos y contrarios deseos, forma el hombre
tan horrenda y lóbrega bóveda psíquica, que hace imposible
la filtración de toda luz, de todo conocimiento, de toda paz y de todo
bien. Por eso busqué en la anulación del deseo, el bien de la
humanidad; y al extremar la medida del renunciamiento, probé que todo
hombre puede limitar sus deseos a lo justo, para aniquilar al mal, y propender
al bien sobre la tierra".
La vida de Buda, en otros términos, fue el cumplimiento perfecto de aquel eterno "Ama a tu prójimo como a ti mismo".
Con el precio de una sola de las túnicas de Sidharta, Príncipe de Kapilavastu, podían vivir sin miseria y sin hambre cien criaturas humanas durante un año. Mis lujos eran escarnio para los desheredados, mi saciedad de todo, era su hambre. Mis atavíos eran su desnudez; mi gozo, su llanto, y mientras yo descansaba junto a las hogueras perfumadas de incienso, ellos temblaban de frío entre el cieno y las escarchas.
El renunciamiento abrió a Buda los cielos infinitos y como Antulio, en sus transportes siderales, ví en mi meditación sentado sobre una estera, lo que es la Divinidad, cúmulo infinito de energías, de poderes, de fuerzas y de amor. Océano sin riberas, formado por millares de raudales, cada uno de los cuales, fue individualidad en su hora; hoguera sin fin, formada por millares de millones de llamas vivas, que fueron individualidad en su hora. Y comprendiendo el proceso evolutivo de las almas, Buda pudo afirmar que es pueril y propia de infantillos, la idea de un SER representación de la Divinidad; de una sola Inteligencia, marcando rutas a mundos y seres; de una sola mano gigantesca, sosteniendo en su palma el peso de los mundos. Todo SER tuvo principio. Solo el Eterno Invisible no lo tuvo. Luego NO ES UN SER.
Y comprendida en la meditación, la profunda y estupenda verdad, dijo Buda sin temor de ser desmentido: "Dios es el conjunto de Inteligencias perfectas". El más breve camino para esa dicha suprema, es el vencimiento del deseo o sea el renunciamiento completo.
Arpas Eternas Tomo I pag. 127-128.