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Antulio El Profeta Santo

Copia tercera del Apocalipsis del Maestro Antulio, cuyo original se conserva en el Archivo secreto del tempo de On y fue escrito en lengua tolsteka por su discípulo íntimo y notario Hilcar de Talpaken:
"El Hombre: cuando los Fuegos Magnos, supremos señores de este Universo, comprendieron que avanzaba la primera edad o época glacial para este globo en formación dieron las órdenes de comenzar los ensayos para formar los ectoplasmas que pudieran luego adaptarse sin nuevas dificultades al cuerpo astral y etérico de los espíritus que debían formar las primitivas razas humanas en el planeta.
"Las épocas invertidas en tales ensayos no pueden precisarse con exactitud pero la lógica misma permite suponer que fueron extremadamente largas, dado el principio fundamental de que la Naturaleza no procede a saltos sino con una lenta y constante transformación hacia la perfección.
"A miles los Ioms o Espíritus obreros de la Forma en los campos del Infinito realizaron ensayos, tomando elementos constitutivos de las especies animales que por entonces habitaban este planeta.
"Los hipopótamos, mamohut, jirafas, cebras, monos gigantes, ciervos, rangíferos y jabalíes de la segunda época glacial, les sirvieron para formar con parte de su materia orgánica los primeros ectoplasmas que habían de adaptar a los cuerpos astrales que albergarían a los espíritus de la primitiva humanidad terrestre. Dichos espíritus fueron escogidos entre los retardados de otros globos que habían dado ya un paso más en la carrera infinita del progreso eterno.
"Tal es la causa de la enorme diferencia que aún hoy día, puede notarse entre una y otra de las varias razas de la especie humana.
"Los seres humanos que se adaptaron al ectoplasma formado de la materia orgánica de la especie animal que denominaremos jabalí, debía diferir naturalmente de la adaptada a la materia orgánica de los ciervos, de los monos o de cualquiera de las otras especies utilizadas como materia prima.
"Lo cual no fue jamás un obstáculo para que la especie animal originaria siguiera existiendo en sus aspectos propios. De la misma manera que muchas especies vegetales continúan viviendo y fructificando de acuerdo a su primera conformación, aun cuando el horticultor haya utilizado tallos y raíces para injertar en ese tronco otra especie vegetal con flores y frutas diferentes.
"Estas diferencias de aspectos exteriores de una raza a otras hubieran desaparecido al correr de los milenios y de los siglos, si la ignorancia y egoísmo humano no hubiera luchado con la feroz insistencia que lo ha hecho para evitar el cruzamiento de las razas humanas. El orgullo y fanatismo hacía creer a los hombres primitivos que su raza era superior a las otras y se castigaba con pena de muerte al que mezclaba su sangre con la de otra raza, y este espantoso error que aún hoy perdura en muchos pueblos es la causa de que aún subsisten esas diferencias, cuyo origen acabamos de mencionar.
"Para tales diferencias es necesario asimismo tener en cuenta los ambientes, los climas, las circunstancias especiales en que cada raza se desarrolla y se desenvuelve.
"Hecho este preliminar pasemos a explicar lo que es el Hombre encarnado en el planeta Tierra.
"En la infinita escala de los seres orgánicos que viven en el planeta, el Hombre es lo más perfecto a que ha llegado la Naturaleza en sus constantes y magníficas creaciones. Por todas sus condiciones está colocado inmediatamente más arriba de todos los seres vivientes en el plano físico y más abajo de los espíritus denominados Legiones del Reino, o Ángeles Guardianes por su inmediata actuación entre el plano físico y el plano espiritual.
"Con un pie en el umbral del Templo Angélico, con el otro en la pradera en que pastorean las bestias, el Hombre es un cántaro de barro dentro del cual existe compleja mezcolanza, una infinidad de bellezas con una infinidad de malezas.
"El Hombre, pues, fue así conformado por la Eterna Ley: Materia densa o cuerpo físico; Cuerpo Mental o intermediario; Principio espiritual o Ego, que es el Yo propiamente dicho.

Moisés Volumen I Tomo I pag. 414-416.

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